Acabo de ver Carol y estoy sacudida. No es una película traumática ni nada del estilo, Todd Haynes, el director, no es un autor vulgar ni se rebaja al cine de shock. La acabo de ver y quisiera ya contarles qué opino. Pero no, me aguanto, el viernes que se estrene tendrán mi reseña.

Antes es obligación de esta columnista hablarles de las cintas que se estrenaron el viernes pasado.

Ah, qué buena cartelera hubo el viernes. Es de esos fines de semana que uno no sabe qué ver porque todo se ve buenísimo. Tres nombres grandes se juntaron: Charlie Kauffman, Quentin Tarantino y Nick Hornby.

De Anomalisa, la película de Kauffman, ya platicamos cuando esta su galana andaba de paseo por el Festival de Cine de Morelia. Contada en animación está de hecho nominada al Óscar en esa categoría Anomalisa es una historia de hartazgo y decepción. Un escritor de un best seller de marketing y atención a clientes se ve sobrecogido en un hotel anónimo (¿hay otro tipo de hoteles?) por una mujer muy sencilla y humilde pero cuya voz suena como ninguna otra. Ella, Lisa, es la anomalía en la vida de tedio del autor. Pero ya lo dijo el Príncipe: también la belleza cansa.

Anomalisa es una película perfecta, como todo lo de Kauffman, para cínicos recientes y románticos decepcionados. La animación es extraordinaria y una vez que uno entra de lleno a ese mundo gris entiende que no se trata de un capricho de autor sino de una herramienta necesaria para narrar.

De Nick Hornby y de Quentin Tarantino este Garage ya se ha encargado de cantar las loas. Admiro a ambos por diferentes razones. De Tarantino ahorita hablamos, primero hablemos de don Nick.

A Hornby porque está dotado de la virtud de la ligereza: sus libros, y ahora sus guiones, van a donde tienen que ir y uno no siente el recorrido, como si estuviéramos en manos de un piloto con muchas horas de vuelo. Lo increíble de Hornby es que ya tenía esa capacidad siendo joven. Ahora, en plena madurez, le ha hecho bien entregarse al mundo del cine.

Lleva tres guiones, Hornby: An Education, Wild y el que nos interesa hoy: Brooklyn.

Quizá no la vieron en la cartelera, pues la estrenaron en pocos cines, pero es una historia para no perdérsela. El guión, adaptación de la novela homónima de Colm Tóibin, está nominado en la terna de mejor guión adaptado. Pero esa no es el único guiño que la Academia le hizo: tiene, ni más ni menos, el honor de contender a mejor película. Y Saoirse (se pronuncia sirsho ) Ronan está nominada como mejor actriz.

¿Qué es Brooklyn? Una historia de adaptación. Eillis (Ronan) vive en la empobrecida Irlanda de los años 50 del siglo pasado. Su oportunidad para una vida solvente es irse a Nueva York, sola. Deja atrás a su hermana mayor y a su madre.

La cinta es como una serie de estampas: vean a Eillis sufriendo en el barco, ahora véanla en la pensión; miren, tiene novio, y trabajo y amigos. Pero todo fluye con una tersura invaluable. Es una historia sencilla pero no por eso menos apasionante. John Crowley, el director, usa el guión de Hornby como si se tratara de un chelo perfectamente afinado. O mejor aún: una trompeta de jazz en pleno solo.

Saoirse Ronan es, a pesar de su juventud, una veterana de la cámara. ¿La recuerdan en Atonement como niña precoz y escalofriante? Ha caminado un largo trecho. Espero que no gane el Óscar: es demasiado joven para que le caiga la maldición del Óscar. ¿Se la saben? Actriz que gana la estatuilla ahí acaba su carrera. No, Sirsho, no: a ti no.

Ahora hablemos de Tarantino. Fui a ver Los ocho más odiados como si fuera de peregrinación. Amo a Tarantino y sé que, premios o no, su trabajo siempre logrará hechizarme.

Y así había sido. Hasta ahora. Los ocho más odiados es una gran decepción. Por primera vez, oh dioses, me aburrí en una película de Tarantino. Todo me parecía tan obvio, tan sobrecocido... es verdad que a una película de Tarantino uno va a entregarse a una historia churrigueresca en la que las cosas, por exageradas que sean, siempre tendrán sentido dentro de la lógica interna de la obra.

Y sí, Los ocho más odiados cumple con la premisa tarantinesca y varios de los diálogos tienen mucha gracia. Pero afirmo sin duda que esta es la película más floja de Quentin Tarantino. Las actuaciones, con excepción de Samuel L. Jackson, son intercambiables. La música de Morricone, eso sí, genial. Y a esa nieve ominosa, esa nieve que se mete por todas partes retratada por Robert Richardson: mis reverencias.