Conforme los avances tecnológicos hacen más difusa la línea entre la realidad y la realidad virtual, la creación de contenidos exitosos se convierte en una tarea cada vez más retadora y al mismo tiempo, más emocionante y promisoria.

La semana pasada se llevó a cabo en Miami la conferencia anual NATPE, una reunión casi obligatoria para cualquier creador o distribuidor de contenido que quiera mantenerse vigente en el siempre cambiante mundo de los medios. En ella se analizaron algunos temas como: ¿dónde buscan contenidos los consumidores?, ¿cómo llegan a ellos? y ¿quiénes y qué están mirando?

Una de las interesantes conclusiones de los estudios realizados por NATPE y Consumer Electronics Association (CEA) es que, inequívocamente, los consumidores usan cada vez más el streaming como medio para buscar y disfrutar sus programas favoritos de televisión.

Por ejemplo, una cifra que llama la atención es que 71% de los consumidores vio programas de TV de cierta extensión vía streaming, en los últimos seis meses. Las principales fuentes abastecedoras de estos programas incluyen a Netflix (40%), YouTube (26%), websites de canales (25%), sitios que ofrecen programas de manera gratuita (22%), y aplicaciones de proveedores de servicios o redes (12 por ciento). Además, casi dos de cada 10 (19%) ha visto programas de TV vía VOD (Video on Demand).

Esto me parece interesante ya que de entrada nos habla de un cambio de conducta e incluso de rol por parte del espectador, quien se comporta como un agente interactivo y más participativo con respecto a qué quiere ver y cómo lo quiere ver. Esto automáticamente nos obliga a replantear otra serie de discusiones más de fondo como: ¿acaso nos estaremos enfrentado a un consumidor mucho más exigente en cuestión de calidad de contenido? ¿Será necesario replantear los formatos a través de los cuales los productores de contenido cuentan historias? ¿Será válido decir que los consumidores están siendo coautores de las historias que se están contando?

Yo diría que las respuestas son sin duda afirmativas. Por lo cual vemos cada vez más una creciente participación de los espectadores en la creación de contenido.

Los espectadores participan de manera indirecta conforme los medios adaptan su contenido a las demandas del mercado para atraer más audiencias. Pero también participan directamente a través de canales como YouTube, en los cuales cualquier persona tiene un espacio abierto para programar su propio contenido.

Otra pregunta interesante que se planteó en NATPE es: ¿de qué nos sirve ser dueños de los derechos de un excelente programa si nadie lo ve? Desde luego esta pregunta abierta puede resultar dolorosa para todos aquellos productores que no han logrado captar la atención de las nuevas audiencias y entender sus comportamientos.

En lo personal, también me parece de gran relevancia que en tres grupos generacionales que se analizaron, los Millenials (15 a 35 años de edad), la Generación X (35 a 55) y los Baby Boomers (55 a 73), la recomendación de boca en boca es la fuente más importante para decidir qué programación buscar en los distintos medios.

Basado en estas revelaciones, creo que lo que está sucediendo con el contenido es apasionante. Por una parte, no hace falta infraestructura para crear contenido exitoso. La simple cámara de un celular puede aportar más audiencia que el equipo más sofisticado a través de toda una gama de medios. Por otra parte, el poder de la recomendación boca a boca no sólo no ha disminuido sino que ha cobrado mayor relevancia.

Y finalmente, una vez más todo apunta a que el mejor contenido es aquel con el cual la audiencia objetivo se identifica y conmueve desde lo más profundo de su ser.