La imposibilidad de una lectura sistémica sólo permite enfatizar como componentes de un sector cultural leyes federales que son directas (y con muchas inconsistencias) como la de telecomunicaciones, radio y televisión. Algunas transversales, como la del consumidor, la de comercio exterior y de propiedad industrial, y una específica, como la de cinematografía y su reglamento.

Bajo el amparo de que los monopolios del Estado son intocables, muchas de las prácticas que como agente económico realiza en el mercado cultural hace imposible aspirar a regularlas.

El panorama es sombrío a pesar del jolgorio que ofrece el reciente reporte de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Comercio y Desarrollo (UNCTAD por sus siglas en inglés), que nos coloca como la primera economía creativa de América Latina , con una participación de 1.3% del mercado mundial.

La trampa, el espejismo, radica en lo que se valora: sustancialmente, las exportaciones de la industria de la música, videojuegos, televisión y cine. Sabemos de dónde y cómo se obtienen estas cifras y de la fragilidad que ante ellas tiene el INEGI. Por eso promovemos la necesidad de una reforma cultural, dentro de la cual la LFCE y la comisión que tiene la responsabilidad de aplicarla y generar su incesante fortalecimiento es pieza clave para aspirar a un mercado competitivo en cultura.

Para confirmar el aserto, leamos unas líneas de la guía de cumplimiento de la Ley de Competencia para Asociaciones, Cámaras Empresariales y Agrupaciones de Profesionistas: Es de aplicación general en toda la República Mexicana, a todas las actividades económicas y a todos los agentes económicos (empresas, personas físicas y otros). Las asociaciones, cámaras empresariales y agrupaciones de profesionistas están explícitamente sujetas a ella, al igual que sus miembros. Por lo tanto, cualquier organización de esta naturaleza que se vea involucrada en una práctica monopólica, ya sea como parte o como coadyuvante, puede ser sancionada, independientemente de su tamaño o su ámbito de acción .

De esta forma, el Sistema de Clasificación Industrial para América del Norte (SCIAN) muestra los nichos que deben ser tomados en cuenta (queda para otro momento: el caso de los distribuidores y exhibidores de cine).

Como ejemplo podemos poner la intervención del Gobierno del Distrito Federal (GDF) a través del Permiso de Administración Temporal Revocable, mediante el cual la Corporación Interamericana de Entretenimiento (CIE) opera espacios gubernamentales como el Palacio de los Deportes y el Autódromo de los Hermanos Rodríguez, así como la concesión del Hipódromo de las Américas y empresas como Key Entertainment, de las pistas de hielo en el Zócalo.

Por lo que se refiere a la empresa Zignia Live, cuyo dueño es Guillermo Salinas Pliego, el gobierno de la ciudad creó el Sistema de Actuación por Cooperación con el propósito de construir el Estadio Olímpico Azcapotzalco. Entrampado el compromiso de Marcelo Ebrard, suponía la donación de 7.2 hectáreas del Deportivo Reynosa a manera de capital de coinversión. Zignia Live creó para ello la Empresa Operadora de Espacios Deportivos, que sería administrada de manera conjunta.

Tal asocio con Salinas Pliego, bajo la figura de un Fideicomiso, permite la edificación del complejo Arena Ciudad de México, también en Azcapotzalco, negocio que se prevé dejará extraordinarios beneficios a sus socios, incluido, por supuesto el GDF. La imbricación de intereses es obvia si se fija con el rol del Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Gracias al SCIAN, el abanico de incumbencias de la LFCE y la Comisión se abre sin reservas: en librerías, donde Sanborns hace de las suyas al lado de la distribuidora DIMSA; en las casas editoras, con el dominio de las españolas, o con importadores variopintos que comercializan artesanías chinas.

Hay guerras que no son menores: Ellos (CIE) tenían el monopolio. Cuando queríamos hacer eventos no se podía entrar. Para hacer espectáculos grandes no había lugares. Ahora nosotros tenemos todo por ganar y ellos todo por perder , dijo a Expansión Salinas Pliego.

Desde sus tiempos de salinista y operador de Manuel Camacho en el GDF, Marcelo Ebrard ha demostrado que para sacarle jugo electoral a los bienes públicos se pinta solo... y va a la Comer.