“No es una cuestión de inmediatez, es más que nada una postura: si ayudamos a que la disciplina crezca y la industria crezca, nosotros crecemos de forma automática. Si tú vas hoy día en el extranjero a un restaurante mexicano, a nivel internacional se le tiene cierto respeto porque hay un nombre construido. Y si construimos eso, valorizamos la ilustración. Entonces es una cuestión de mercado y también de valorización de la ilustración”, nos dice Eduardo Salles, uno de los fundadores de Pictoline, empresa famosa por sus ilustraciones en la red, quien es la que organiza la primera Bienal de Ilustración.

La Bienal surge bajo el entendido de que la ilustración no sólo se puede usar para acompañar textos informativos o que circule en redes sociales, sino como una expresión artística y que tenga resonancia a nivel internacional.

“En los últimos años, en el ramo de la ilustración, México ha destacado por sobre muchos países, y parte de esa efervescencia de la ilustración es una combinación entre un contexto visual de las plataformas digitales y porque históricamente México siempre ha sido muy visual. No es casualidad que el muralismo se haya dado aquí, o los grabadores como Posadas, los códices en las épocas prehispánicas o la iconografía del Metro. Y si a esto le añades una oportunidad tecnológica, pues da una coyuntura buenísima”, nos dice Salles. La Bienal está integrada por conferencias y actividades relacionadas con el mundo de la ilustración (entre ellas, clases magistrales y un evento especial de gifs) y una exposición que estará hasta el 23 de junio en el Centro de Cultura Digital, para la cual entraron a concurso cerca de 4,603 ilustraciones, de las cuales se eligieron 77 por un jurado integrado por cinco ilustradores internacionales: Gary Baseman (EU), Malika Favre (Francia), Matthew Cruickshank (EU), Mcbess (Francia) y David Sánchez (España).

La mecánica de la elección de las piezas es algo de lo que Salles se siente orgulloso, ya que el hecho de que sea un jurado internacional que no tiene relación con los ilustradores mexicanos permitió librar el certamen de los amiguismos que suelen darse en nuestro país en premios y concursos de diversas disciplinas artísticas.

“No somos una cultura meritocrática, y eso es lo que el país requiere. Se da mucho la cultura del compadrazgo, del ‘tengo un amigo que conoce a un amigo’, y eso no le hace nada bien al país porque no sobresale quien tiene talento. Es la cultura de castas del siglo XXI”, comenta Salles, quien agrega que el resultado final es una diversidad de ilustradores talentosos, algunos reconocidos y otros totalmente desconocidos.

Con lo anterior, Salles está convencido de que iniciativas como ésta potencializarán la producción y la calidad con el fin de que México se convierta en una potencia mundial de ilustración.

Para conocer más, entra a  bienaldeilustracion.com

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