Nacida en Puebla el 11 de diciembre de 1916, Elena Garro es la gran autora mexicana del siglo XX y una de las plumas más originales y creativas en lengua castellana. Su obra abarca todos los géneros, desde el periodismo que cultivó en su juventud, hasta las memorias, pasando por la narrativa, el teatro, el ensayo histórico, y, en menor grado, la poesía. Su correspondencia, conservada en la Universidad de Princeton, da cuenta también del carácter literario de la mejor escritura epistolar. ¿Por qué leerla hoy?

Por la riqueza de su escritura y de los mundos que crea y recrea. La imaginación, lucidez e intensidad poética de Garro se manifiestan con singular intensidad en su primera y mejor novela Los recuerdos del porvenir (1963), en los cuentos de La culpa es de los tlaxcaltecas (1964), en el drama histórico Felipe Ángeles (1967/1979), y en obras en un acto, como Andarse por las ramas o El árbol. Precursora del realismo mágico , por su exploración del tiempo y de lo fantástico, no sólo en esta veta fue innovadora.

Testigo de su tiempo, crítica de los triunfadores de la revolución traicionada, Garro reivindicó la revolución maderista, transformó al entonces desconocido general Ángeles en héroe ético- y desgraciado- de la causa de revolucionaria, y recreó la vida de Ixtepec ( la Iguala de su infancia) en la era de Obregón-Calles y la Cristiada. La misma originalidad e independencia que le permitieron crear mundos fantásticos, la llevaron a una posición a menudo marginal dentro del campo literario mexicano. Próxima a Pedro Páramo en el tiempo de la escritura y en la recreación de una oralidad de ricos matices, Los recuerdos del porvenir , por ejemplo, se distingue por su punto de vista favorable a la religiosidad popular, y por tanto, contrario a la versión oficial de la confrontación entre Estado e Iglesia. Si esto dio pie a que se le tachara de novela cristera , mote nada favorable en los años 60, hoy, por el contrario, la historia de Ixtepec se valora como contrapunto a la historia de bronce, como relato histórico y simbólico de la vida de los de abajo, cercados por un poder autoritario y por una violencia descarnada que arruinan vida, ilusión y comunidad.

La vigencia de éstos y otros textos no se debe sólo a la representación crítica del poder político o de la dinámica de la violencia destructiva que hoy arrasa tanto amplias zonas del país. La mejor obra de Garro merece también nuevas lecturas por su visión feminista de la condición de la mujer, su crítica del machismo, y por su empatía con los marginados.

Aunque Garro no se considerara feminista, su obra desmonta los mecanismos que mantienen a las mujeres subyugadas en un sistema sexista, y violento. Antes de que activistas y académicas se ocuparan de la violación como violencia de género, ella había explorado sus efectos en su primera novela y sugirió todo su horror en Los perros . También trazó el vínculo entre misoginia y feminicidio, con metáforas deslumbrantes, en El rastro . En Testimonios sobre Mariana expone la ferocidad de la persecución que aspira a la posesión total. Leída en su momento como autobiografía novelada, éste no es desahogo personal sino una novela del poder que llama la atención a lo que hoy se reconoce como violencia doméstica . En Y Matarazo no llamó... , nouvelle político-policiaca con gran potencial cinematográfico, se desnuda la violencia del poder arbitrario en el México de los años 50 y 60, se muestra cómo el machismo mutila también a los hombres y, en alusión al Laberinto de la soledad, se expone cómo la excesiva solemnidad del mexicano lo aísla y lo vuelve vulnerable.

Por éstas y otras ricas vetas de su obra, leer a Garro es, más que un homenaje en el año de su centenario.? Es una rica experiencia literaria e intelectual. Ojalá las editoriales no esperen hasta diciembre para acercar esta gran obra a nuevos públicos y éste sea el año de Garro .