A pesar de las medidas de seguridad aplicadas desde el año pasado, la muerte de dos hombres, de 20 y 29 años, quienes fueron baleados la tarde del viernes 23 de febrero en Ciudad Universitaria (CU) y que no eran alumnos de la máxima casa de estudios, fueron la evidencia más contundente de que la violencia por presunto narcotráfico continúa.

El mismo rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Enrique Graue, reconoció en su momento que “el narcomenudeo se da en las instalaciones de la máxima casa de estudios”, por lo que se llevaron a cabo acciones como detenciones, iluminación y vigilancia, sin embargo, esto no ha sido suficiente.

Ante este panorama, los mismos académicos se han responsabilizado en reflexionar sobre el problema. Con la conferencia “Drogas: ¿Legalización o escandalización?” se exploró la necesidad de la legalización de la mariguana, así como los mitos y realidades acerca de los supuestos daños que provoca en la salud.

El Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades fue el espacio para que la doctora Herminia Pasantes Ordóñez, investigadora emérita del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, hablara del efecto de la mariguana y otras drogas en nuestro cerebro y dijo que las políticas actuales no distinguen entre el uso, el abuso y la adicción.

“El problema con las drogas es la adicción; desafortunadamente es una respuesta del cerebro, el cual se adapta a algo externo que trabaja incluso mejor que su propio neurotransmisor, por lo que se confía en que eso le va a seguir llegando y ya no hace su tarea”.

Explicó que las drogas tienen efectos en el cerebro porque se parecen a los neurotransmisores que provocan un efecto placentero. Estos se denominan endocanabionoides y son como nuestra canabbis endógena. Entonces, las drogas externas suplantan a nuestras propias drogas, las que el cuerpo produce por sí sólo. En el caso la mariguana, es parecida a dos moléculas que existen en nuestro cerebro (delta-9-tetra-hydro-cannabinol) el cual es el principio más activo desde el punto de vista psicotrópico de la mariguana.

Sobre la parte social de la mariguana, aseguró que existe un incremento de la percepción de bajo riesgo, “y en efecto, los jóvenes nunca han visto a un amigo morir por sobredosis de mariguana, no se tiene un comportamiento violento o agresivo, sino un efecto tranquilizante con conductas solidarias, con ataques de pánico pero de corta duración y con cierta adicción…Todas estas características hacen, y con razón, que la gente tenga esta percepción”.

Por otro lado, explicó que el temor que existe y por lo cual muchos países no enfrentan una política de legislación para su uso recreativo es supuestos daños en el cerebro, riesgos a la salud, riesgos en el desempeño escolar, laboral y social de los usuarios.

En este sentido dijo que recientemente se publicó un volumen muy grande donde las academias de ciencias y de salud en Estados Unidos investigaron el resultado del análisis de 10,000 artículos sobre cannabis. La conclusión fue que algunos tienen razón, otros no, pero que en general, en este momento no es posible establecer una relación de causalidad para los efectos de la mariguana en el cerebro. Dijo que los resultados son inconsistentes debido a la heterogeneidad de la muestra y la multiplicidad de elementos individuales, influencias del entorno y patrones de consuno de otras drogas.

Sin embargo, sobre el uso de mariguana y drogas en general para los adolescentes, la investigadora fue tajante, “no pueden tomar decisiones cuando su cerebro no está maduro”, y explicó que los endocanabinoides tienen relación con la maduración del cerebro, sobre todo en el control de impulsos y percepción de riesgo, que ocurre alrededor de los 20 años, por lo que son más vulnerables al consumo de todas las drogas y sus efectos.

Libertad basada en información

Por su parte, Javier Flores, profesor de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, hizo una reflexión desde el entorno universitario y a partir de los hechos específicos en el recinto.

En este sentido aseguró que el problema no es el consumo, sino la violencia que se genera por la prohibición. “En los últimos años ha ocurrido un cambio en el perfil epidemiológico y las agresiones se han convertido en la séptima causa de muerte en México; por lo menos el 75% están relacionadas con el crimen organizado”.

En contraste y de acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT 2016), si bien el consumo de la mariguana ha crecido en nuestro país, es muy bajo en relación con otras naciones del continente americano, ya que de acuerdo con el Observatorio Interamericano de Drogas 2015, alrededor de 1.2% de la población la ha consumido alguna vez, mientras que en Estados Unidos y Canadá el porcentaje es mayor a 40 por ciento.

Desde su punto de vista, “la violencia no se puede enfrentar con violencia…ha sido una estrategia fallida” por lo que la UNAM debe proponer a la sociedad un modelo para afrontar este mal asociado al narcotráfico desde un enfoque, ya sea de salud pública -en un primer momento- o de libertad basada en la información, es decir, la libertad de decidir al tomar en cuenta los posibles daños que produce el consumo de mariguana.

Además se propuso el desarrollo de mayor evidencia desde las ciencias naturales y sociales “¿De qué tamaño es el problema, por ejemplo?, debemos incentivar la participación de toda la comunidad”. Por último, Flores fue contundente: “la Universidad debería de proponer a toda la nación la legalización de la mariguana con fines lúdicos, porque eliminaría automáticamente el contacto de los jóvenes con los delincuentes, eso sí es un riesgo”.

A este último propósito, Julio Muñoz Rubio, investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, opinó que no se puede seguir adelante con esta sociedad de la prohibición, ni con el enfoque que hasta ahora se ha aplicado para combatir a las drogas. “Las drogas cumplen una función de manipulación y control, es a su vez una fuerza productiva que guarda relación con las fuerzas destructivas y no podemos seguir el camino de la violencia”.

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