Este fin de semana, la serie Sense 8, de las hermanas Wachowski, llegó a su fin de manera satisfactoria en un episodio de dos horas y media, una manera muy elegante de cerrar, ya que no sería renovada para una tercera temporada.

La solución de los productores debería ser utilizada por todas las series que se quedan a la mitad debido a una cancelación prematura. Sería un buen gesto para los fans. Afortunadamente, los fans de Sense 8 tenían la fortaleza suficiente para hacer que las cosas no se quedaran a medias.

El final comienza con Wolfgang (Max Riemelt), quien tiene flashbacks de su niñez mientras vemos que se encuentra cautivo. Mientras tanto, Will, Nomi (Jamie Clayton), Lito (Miguel Ángel Silvestre), Riley (Tuppence Middleton), Kala (Tina Desai), Capheus (Toby Onwumere) y Sun (Bae Doona) están preparando todo para su rescate. Parte del plan involucra al malo de la serie, Whispers (Terrence Man), a quien tienen bajo su poder.

Pero el grupo de los ocho deberá enfrentar traiciones, intrigas antes de poder y muchas pruebas de vida y muerte, así como algunas sorpresas, antes de cantar victoria. El intercambio de Wolfgang es sólo la primera parte de la historia. Durante el segundo acto, los muchachos y sus amigos y otros sense 8 deberán unirse para liberar a toda su especie, pues como sabemos, Whispers es sólo un eslabón.

En un balance final, la serie de las Wachowski tiene la fuerza necesaria para sobrevivir a su cancelación y permanecer como serie de culto, de la cual se pueden desprender otros productos y quizá un reboot en algunos años. Con todo y que muestra diversas fallas en la congruencia y verosimilitud de la historia, la serie es bastante irregular en factura narrativa, pero la salva el carisma de los personajes y su mensaje positivo de un grupo de amigos de diversos orígenes que luchan por su libertad y por el derecho a ser ellos mismos.

Por otro lado, es un statement político y hasta existencial de las hermanas Wachowski: viva la diversidad (y la legalidad), la libertad y la solidaridad. Por cierto, es importante mencionar que todo ocurre en París, lo que constituye de manera simbólica una especie de segunda revolución, no realizada por los franceses sino por ciudadanos de diversas partes del mundo que se unieron para renovar el humanismo que nos legó la Revolución Francesa.

¿Un poco cursi? Quizá, pero era un episodio para los fans, principalmente. Por otro lado, un mensaje positivo es lo que se necesita en un mundo lleno de violencia en donde parece que los estereotipos del pasado se niegan a abandonarnos.

@faustoponce