¿Está usted en la fila del Predial y nomás no avanza? Meta la mano a su bolsa y saque una novela delgadita y lea sin parar. La vida será más gozosa.

Dicen que la novela breve está por morir porque no tiene éxito de ventas. Yo, al menos, no entiendo por qué. La (buena) novela breve lo tiene todo: accesibilidad, intensidad, diversión. Y son un verdadero reto para los autores. A veces también para los lectores: pensemos en Farabeuf de Salvador Elizondo.

La novela breve se encuentra a caballo entre el cuento y la novela y a veces es complicado definirla. ¿La metamorfosis de Franz Kafka es un cuento o una novela corta? Por el poco espacio que tiene y la complejidad de sus personajes, la novela breve es arte para pocos. Bingo: será por eso que no triunfa en las mesas de novedades.

A continuación, dos novelas cortas que nadie debería perderse.

El Hombre de la Caja de Leche

A Daniel Espartaco Sánchez (Chihuahua, 1977) se le da la comedia. Y ése es un don que no puede forzar, se sale por las orejas.

Ceremonia (Paraíso perdido), su más reciente stand up, es continuación de Gasolina, otra locura en la que el personaje principal acababa en una persecución con botes de alta velocidad. Espartaco está decidido a quitarle el aire aburrido y falsamente intelectual del mundillo de las letras.

Ceremonia, novela cortísima (77 páginas), es una sátira muy divertida del mundo del cine, la literatura y las artes en general. Ahí donde Gasolina se burlaba de las becas literarias, Ceremonia se ríe del “éxito” editorial.

Dos actores, que no son otros que Diego Luna y Gael García Bernal con nombre cambiado, han leído Gasolina y quieren llevarla al cine. El autor, un alter ego de Espartaco, acepta y ahora se encuentra con un traje viejo en la ceremonia de entrega del Ariel, pues la cinta está nominada en algunas categorías.

Pero lo verdaderamente importante son las quejas que rumia el personaje del escritor. Se siente un vendido cuando una Súper Editorial Transnacional adquiere los derechos de la novela, pero le piden que la engorde con bazucazos y helicópteros. Está Nadezhda, su rotunda mujer, que quiere salvar al mundo un producto orgánico a la vez.

Y está el Hombre de la Caja de Leche, la fantasía de cómo debería ser un hombre de verdad: pobre, digno y bebiendo directamente del cartón.

Ceremonia es chistosa, inteligente e innegablemente una de las mejores novelas del 2017.

El fuego se alimenta de la risa de los locos

Arde Josefina (Random House) es el fulgurante debut de Luisa Reyes Retana (Ciudad de México, 1979).

Es, como dice su título, un ardor. Uno la lee de una sola sentada y se siente desolado por la infelicidad de sus personajes y lo difícil de su vida.

La infancia es un cuchillo clavado en la garganta para Josefina y su hermano Juan. Nacidos en Mánchester, son hijos de Jon y Holly, una gélida pareja de inmigrantes ingleses en México, Josefina y Juan crecen sin amor. Josefina se endurece, pero algo le pasa a Juan: es ansioso, violento y muy agresivo. Pronto detectan en él una enfermedad mental que los padres quieren negar con numerosos castigos y palizas.

Josefina no es Josefina sin Juan, así como Juan no es él mismo sin ella. Un día sucede un incesto vicario: Juan ve a Josefina perder la virginidad y ese momento les deja cicatriz a los dos.

Es sólo una de las muchas cicatrices de los dos hermanos. “El fuego se alimenta de la risa de los locos”, nos advierte Josefina en algún momento de esta Bildungsroman desoladora. Que rían los locos.

concepcion.moreno@eleconomista.mx