En diciembre cumplirá 24 años el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), mismos de la instalación de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados. En la puerta de los 18 años de la entrada en vigor del TLCAN, es un lapso de historia dividido por la transición política, de 12 años –los últimos de un dominio casi absoluto del PRI- y los 12 ¿primeros? del PAN en la Presidencia de la República. Viene el cumpleaños 15 del perredismo al frente de la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. Es factible cerrar la cifra en un cuarto de siglo de profundos ajustes en la sociedad mexicana, en especial de su sector y comunidad cultural.

Es por ello que con Carlos Lara, colega del Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura de la UAM Xochimilco, surgió la idea de elaborar el Relato de un tiempo de la cultura en México, título provisional para una obra que implicó formar un equipo de trabajo. La intención es generar una mirada retrospectiva, un historial crítico a partir de ejes nodales que tengan punto de arranque en la gestión de Carlos Salinas de Gortari y culminen hasta lo que es posible evaluar de lo acontecido en el mandato de Felipe Calderón. Se trata de fijar el momento en que estamos de cara al sexenio 14 de la historia moderna de México.

No es arbitrario tejer la trama de lo que caracterizamos como sector cultural sobre la base del papel que desempeña la intervención del Estado. La obra le concede un peso significativo a través de una perspectiva de las políticas culturales y de la recuperación de la forma en que los cuatro titulares del Ejecutivo la asumen, texto indagatorio a la vez que revelador de la memoria de Andrés Ordorica. Este eje se intenta complementar con los testimonios de quienes saben de las entrañas del Conaculta y sus organismos. En proporción similar, habré de ocuparme, al lado de la economista Rebeca Romo y de la experta en prospectiva sectorial Yesenia Torres, del eje que atañe a los procesos de la economía cultural, en ella la incidencia de los ámbitos público, social y privado, tránsito que se acompaña de otra tanda de voces que conocen lo que ha ocurrido.

Se sigue con el eje de la diplomacia y la cooperación cultural que extraordinariamente domina César Villanueva, documento al que la joven periodista Luz Jaimes suma un compendio de declaraciones de quienes habitan los territorios transversales de las relaciones internacionales.

A continuación, otro aporte de Carlos Lara que es dimensionado por la gestora cultural Karla Quiroz: el eje dedicado al Poder Legislativo, a lo que han hecho sucesivas comisiones de cultura, tanto en la Cámara de Diputados como de Senadores.

A la reportera Judith Amador corresponde el eje final, cuya dispersión de fuentes de estudio y complejidad de corte testimonial impone oficio: eso que coloquialmente llamamos sindicalismo cultural , pero que es en apego a la estructura imperante del SNTE, lo que secciones y delegaciones de los organismos del subsector han desplegado en cuatro sexenios.

El libro forma parte de un programa de impulso a la economía cultural que lidera desde hace tres años el Instituto de Cultura de Morelos (ICM), que preside Martha Ketchum. Es parte de un modelo académico que comprende un diplomado, cursos especializados, el premio estatal a la empresa cultural y la jornada mipyme cultural. Los fondos provienen del ICM y de los que asignó la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados. El coeditor es la Universidad Autónoma de Nuevo León, dependencia que en el 2008 produjo Diplomacia y cooperación cultural de México y en el 2010 Economía cultural para emprendedores.

LO QUE VALE LO QUE SIGNIFICA. El costo por hora por alumno del diplomado en Cultura y Negocios de la UAM Xochimilco es de 65 pesos. Y hay descuento.

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