Champaign, Illinois. La reciente sacudida que nos metió a muchos el inesperado, súbito, prematuro e injusto fallecimiento de mi entrañable y muy querido y admirado amigo Daniel Catán, sigue zarandeando mi ser todo.

Amigo, colega, maestro, confidente, co-conspirador, compañero, colaborador, padrino. Sí, padrino, porque gracias a él, empecé a dirigir ópera. Fue él quien insistió en que incursionara en el arte lírico, y ni más ni menos que dirigiendo su primera ópera.

Después de 36 años de relación cercana e intensa, en la que compartimos las buenas, las malas, las peores y también las excelsas, digo con convicción absoluta que es, no fue, es, el compositor más importante del género lírico entre siglos. No sólo en español, sino en todo el orbe.

Como se lo dije en repetidas ocasiones, ¿quién puede decir que ha tenido tres y hasta cuatro producciones de óperas distintas, en tres o cuatro casas de ópera importantes en dos continentes y en dos hemisferios, producidas simultáneamente? Asentía tímidamente con su inconfundible risita.

Tantas veces conversamos, durante años, de los ideales de ese casamiento perfecto entre música y poesía, entre la palabra y los sonidos organizados de tal forma que conmuevan al oyente, fundiéndose en un todo indisoluble. Decíamos: el italiano fue por muchos años el idioma natural para escribir ópera. Verdi y Puccini son lo que Mozart al alemán, lo que Glinka al ruso, lo que Britten al inglés, y lo que tú, Catán, eres al español.

Dany aceptó su destino y logró su sueño, lamentablemente, no gozó ni disfrutó su éxito como debería de haber sido. Llegó a tener una probadita, un disfrute pequeño, en términos de lo que se esforzó para llegar adonde llegó, y eso me da mucho placer pero también mucha rabia, me causa un inmenso coraje.

Lección: La vida no es justa. Sin embargo, me queda el consuelo de que al menos pudo vivir la satisfacción de haber visto, en los últimos cinco años, la realización del sueño por el que trabajó toda su vida, lo que fue su pasión de siempre.

Sus dotes de escritor y de gran pensador quedaron de manifiesto recientemente, al haber sido el orador central de la reunión anual de Opera Conference en el 2010, que tuvo lugar en Los Ángeles, justo antes del estreno de Il Postino, ensayo publicado en el ejemplar de otoño de la revista Opera America. "En búsqueda de la próxima gran ópera americana o, ¿esperando a Godot?" es un documento que debería de ser leído por todos los directores y administradores de cultura y, particularmente, por todos aquellos que dirigen casas de ópera. Es simplemente, brillante, y no tengo la menor duda de que al menos en los Estados Unidos seguirán sus recomendaciones.

Quiero citarlo a él, como espléndido escritor que también era, y lo demostró con su última ópera terminada, Il Postino, al ser él mismo su libretista. Tomo el inicio del capítulo "Más allá de la música del futuro", de su imprescindible libro Partitura inacabada: "Todos los hechos verdaderamente importantes, inclusive aquellos de enorme trascendencia histórica, tienen una característica en común: la de pasar inadvertidos".

Pienso ahora, mi querido Dany, que en ésta ocasión no estuviste al ciento en lo correcto, solamente tuviste parcialmente la razón: en nuestra querida y por momentos añorada matria, el hecho importante del estreno de La hija de Rappaccini en San Diego, pasó con cierta indiferencia, habiendo sido un momento trascendente, como se asentará en los libros de historia, pero de éste lado, en tu país adoptivo, el estreno abrió puertas y forjó las oportunidades para poder crear lo que siempre deseaste.

Después de ese estreno (su ópera cero es Encuentro en el ocaso) la Ópera de Houston le comisionó Florencia en el Amazonas. De ahí siguió su única comedia, Salsipuedes, y finalmente, Plácido Domingo y la Ópera de Los Ángeles, le pidieron Il Postino.

Como un agradecimiento a ésta patria que le dio lo que le negó la suya, trabajaba en su quinta ópera, pero en inglés. Inconclusa, se basa en el largometraje de Frank Capra, Meet John Doe.

Imagino a Dany esbozando la sonrisa que le singularizó, al leer el título del obituario que publicó el New York Times el 11 de abril pasado: "Daniel Catán, Composer of Operas in Spanish, Dies at 62". Lo lograste Dany querido, y lo sabías, por ello habías acometido un gran proyecto en inglés.

Nos veremos pronto, pero no mucho, porque aún debo seguir promoviendo tu legado artístico con la misma convicción que cuando tenía la complicidad de tu espléndida, estimulante e intensamente luminosa presencia.