El escritor, periodista y cronista Juan Villoro formó parte del programa de la primera edición de las Jornadas por la Paz, que desde el pasado sábado se realizan en el Centro Comunitario Ecatepec “Casa de Morelos”, ubicado en la zona centro del municipio mexiquense, como una iniciativa respaldada por la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para detonar un acercamiento franco a la cultura en esta zona del municipio más poblado del país y uno de los más golpeados por la violencia en los últimos años.

Hasta este recinto de arquitectura virreinal, ubicado en la Vía Morelos y colindante con la colonia Jardines de Morelos, catalogada por el C5 como una de las 23 colonias más riesgosas del Estado de México por su alta tasa de feminicidios y desapariciones, Villoro arribó para compartir la conferencia “El mariachi, mi madre y otras especies protegidas”, en la que, para beneplácito de más un centenar de personas que acudieron para dialogar con el autor, leyó algunos de sus textos breves más celebrados: “Chicago”, “¿Aquí venden lupas?”, “Ministerio público” y “El mariachi”.

En la segunda parte del encuentro, Villoro pidió que se abrieran los micrófonos para comenzar una conversación con los presentes. Se organizó una fila para así dar orden a la participación de quienes tenían la voluntad de dialogar con el escritor. La fila era cuantiosa y el tiempo reducido. Después de más de una quincena de interlocutores, la organización decidió dar continuidad a la conversación colectiva en un espacio distinto dentro del mismo centro cultural. Había diversas presentaciones musicales que esperaban por ocupar el escenario como parte del programa de las Jornadas por la Paz.

Inventar formas autónomas de hacer cultura

Los comentarios para el escritor, felicitaciones por la reciente obtención del Premio Liber 2019, de España, y preguntas sobre sus libros de cabecera y procesos creativos fueron todos respondidos y agradecidos de manera extensa. También se le preguntó sobre sus impresiones acerca del gobierno federal y su política de acción en términos culturales.

"El gobierno ha empezado con mucha celeridad. Estamos en una situación peligrosa como para polarizar demasiado las opiniones y decir que todo está bien o todo está mal. La gente ve todo en blanco o en negro. Yo creo que hay cosas que están bien y otras que están mal. Celebro que haya un presidente honesto, que no robe. Esa es una diferencia con la cleptocracia que hemos tenido durante décadas en México (…) ya el solo hecho de la honestidad me parece muy encomiable: la lucha contra el huachicol, contra la corrupción, cosas de ese tipo; pero creo que (el gobierno) nos está quedando a deber en apoyo a la cultura; se necesita mucho más, también se necesita más tolerancia con la discrepancia: respetar a los comunicadores, a los medios de comunicación”, respondió.

Celebró haber sido considerado para formar parte de las Jornadas por la Paz porque, dijo, es la manera en la que se genera comunidad y se demuestra el compromiso desinteresado de que con la cultura la sociedad mexicana puede salir avante. Apuntó que “lo que más hace falta es la creación de públicos, no tanto apoyar a autores de manera privilegiada y, por supuesto, proteger el patrimonio, que es importante; pero acercar a la gente a la cultura y que con el tiempo sea ella la que la defienda”.

Sin embargo, apuntó que es menester para todos involucrarse en el ejercicio del acercamiento de lo cultural, tanto como sociedad en general como parte del gremio cultural, más allá que simplemente ser críticos con las iniciativas de gobierno.

“Tenemos que resistir todos y también demostrar que somos útiles. Tenemos que demostrar que hacemos sociedad gracias a la cultura. Yo conozco a muchos compañeros de trabajo que se quejan de no recibir una beca pero que no están dispuestos a hacer algo: ir a un lugar a brindar su trabajo, a dirigir un taller, a dar una conferencia (…). Hay que tomar las cosas con nuestras manos y empezar a hacer. Si conseguimos apoyos oficiales, qué bueno, pero no hay que pensar que dependemos totalmente de la pirámide. Creo que la mejor manera de fomentar el arte y la cultura es creando pequeñas comunidades. Hay que inventar formas autónomas de hacer cultura. Eso me parece importante”, propuso.

Un santuario de la contracultura

Por último, el escritor de publicaciones como “El libro salvaje” y “Dios es redondo” se dio tiempo para evocar el pasado que lo vincula con este municipio al noreste de la Ciudad de México.

“Yo venía en busca de cultura a Ecatepec en una época”, aseguró. “Soy muy aficionado a la música rock y hacía un programa de radio en Radio Educación, del 77 al 81; era la época en la que se habían prohibido las tocadas masivas, los festivales, los conciertos. Después del movimiento del 68 había mucha prevención hacia todo lo que fueran grandes concentraciones juveniles. Grupos de clase media, como Three souls in my mind, que se reconvirtió en El Tri, empezaron a circular en las periferias y en algunos lugares del centro de la ciudad. San Cristóbal Ecatepec se convirtió en una especie de santuario de la contracultura y la música de rock. Veníamos a los ‘hoyos fonquis’, a las tocadas, a buscar el rock que no encontrábamos en otras partes de la ciudad. Todo esto me hace sentir que estoy en un regreso nuevo a Ecatepec y me da mucho gusto”, compartió.

Después de la conversación decidió permanecer en el Centro Comunitario para firmar libros y conversar personalmente con lectores de todas las edades.

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Dato:

Las Jornadas por la Paz continuarán llevándose a cabo en el Centro Comunitario Ecatepec “Casa de Morelos” con la presencia de escritores como Verónica Maza Bustamante, Oscar de la Borbolla o Xavier Velasco.