En estos días posolímpicos, con los medios regalándonos noticiones como abre un hotel de lujo para perros en NY; hombre crea máquina para hacer toallas sanitarias baratas y las prueba en su cuerpo , y otros reportes de igual trascendencia mundial, queda claro que el manantial noticioso pasa un periodo de sequía.

Qué mejor momento para hablar de nuestros viejos amigos, los libros, y su nueva encarnación: el e-book. Dos reportes llaman la atención. El primero viene de la revista española Qué Leer, cuyo flamante número final del 2011 llega apenas a México (cruzar el océano toma su tiempo).

El reporte corre a cargo de José Ángel Martos que asistió a un evento sobre contenidos digitales en Madrid. En el trayecto, Martos se había sorprendido de toparse con varios pasajeros del Metro madrileño leyendo en e-readers. Para quien desconozca el término, un e-readers es un pequeño dispositivo (léase Kindle, iPad, Nook, etcétera) que se utiliza, entre otras cosas, para leer libros electrónicos). Después de la primera sorpresa, Martos llegó a su primera conclusión de índole sociológico: Si algo se ve en el Metro es que está calando .

El primer taller del evento corrió a cargo de la empresa de estudios de mercado Gfk que ilustró el fenómeno del e-reader con un número que me resulta pasmoso. Efectivamente, se están vendiendo bien los aparatos en España, pero (dice Martos) no tanto lo que deberían llevar dentro . Por cada lector electrónico adquirido en el 2011 se han vendido 0.7 libros (280,000 de los primeros por 190,000 de los segundos). Sirva como contraste que en Italia se venden cinco libros por cada lector. Un número más sensato, especialmente si nos ponemos a pensar, que no se trata de españoles que compraron medios libros o leyeron hasta el capítulo 15.

¡Se trata de 90,000 personas que compraron un lector de libros electrónicos y ningún libro para leer en ellos! Aún así, en España son optimistas con un sector que está en pleno crecimiento y se apuesta fuerte por nuevos lectores, lanzamientos, tiendas web dedicadas al libro electrónico, editoriales completas digitalizando sus contenidos, etcétera.

Llegamos al segundo reporte, que viene en Forbes, a cargo de Jeremy Greenfield, quien se pregunta si el reciente dominio de las tabletas en el mercado de los lectores de e-books significará que la gente leerá menos.

Uno de cada cinco e-readers es un Kindle Fire; otro, un iPad, una proporción mucho menor utiliza los primeros lectores de tinta electrónica que lanzó Amazon (el Kindle original). Las nuevas tecnologías, como puede anticiparse, van llevando la ventaja (en el horizonte la nueva tableta Nexus 7 de Google).

Para Greenfield, esto significa que la venta de libros electrónicos se reducirá y que los editores tendrán que empezar a pensar en nuevas formas y contenidos. Las estadísticas de ventas de la Asociación de Editores de EU muestran que el crecimiento en la venta de e-books ya no es lo que era hace unos meses. Para Greenfield, la razón es clara: con estos lectores sofisticados, los libros electrónicos deben competir con apps, correo electrónico, Internet y las redes sociales, por el tiempo del usuario (antes, lector).

Vivimos en la época de las distracciones. Y qué puede distraer más a la lectura que hacerla en un dispositivo en el cual saltan notificaciones, correos, mensajes de texto, avisos de juegos, etcétera. La paradoja es que el lentísimo mundo editorial, que apenas empieza a mirar el formato digital como alternativa, pronto deberá cambiar el paradigma buscando alternativas para mantener al lector en el app de lectura.

Así, mientras en España se retoma la tendencia estadounidense de publicar en papel los grandes éxitos del libro electrónico y algunas editoriales todavía miran con desconfianza las descargas de sus preciados títulos, en otras partes del mundo se están rompiendo la cabeza pensando en cómo atrapar la esquiva atención de los lectores que prefieren Angry Birds a leer un rato.

Algunas tendencias incluyen la lectura social formando grupos de lectura en redes sociales. Los libros interconectados virtualmente para enriquecer la experiencia lectora y los libros electrónicos plus: con video, audio y otras funciones interactivas.

Esto último ha probado ser muy útil en los libros infantiles y algunos textos técnicos, pero está a punto de cruzar la línea hacia la ficción. Según el WSJ: el próximo libro de Michael Chabon Telegraph Avenue, con lanzamiento en septiembre, será un libro plus.

Si este incómodo matrimonio entre la industria editorial y la tecnológica deja alguna lección es que la primera deberá empezar a moverse a la misma velocidad de la segunda y sus vertiginosos avances.

¿Qué libros tendremos en el futuro?

Dos. El primero es un bello e inmortal ejemplar impreso en papel, como el que puebla la cabina de mando del Prometheus de Scott. El segundo no me atrevo a anticiparlo, su suerte ya es motivo de especulación para la propia ciencia ficción.

@rgarciamainou