La Copa del mundo ya está entre nosotros y si la historia es una guía, un ejército internacional de “expertos” descenderá en las plataformas de redes sociales para comentar las emociones que les despertarán los juegos de futbol. Ojo, futbol y no soccer.

Parece paradoja, cada cuatro años Estados Unidos sufre de un puñado de críticas por no apreciar suficientemente el juego más querido del mundo. Y Rusia 2018 no será la excepción a pesar de que la selección de Trump no participará.

Como escribió el historiador francés Odon Vallet: “El futbol es el único factor de globalización que ha escapado a la hegemonía estadounidense. El mundo del cine puede estar dominado por ­Hollywood y el del dinero por Wall Street, pero el futbol mundial no es norteamericano”.

Durante las últimas semanas, Estados Unidos ha hecho sentir su presencia en el mundo del futbol gracias a que presentó su candidatura, junto con Canadá y México, para ser sede de la Copa del mundo en el 2026 (al cierre de la presente edición no se sabía aún si la obtuvo o Marruecos se la llevó). Por cierto, David Beckham ha mostrado su apoyo a la candidatura de Estados Unidos.

La realidad es que durante los últimos meses, al futbol estadounidense se le vincula con aspectos no tan agradables. Por ejemplo, su liga, la Major League Soccer está repleta de estrellas envejecidas. Una de ellas es Zlatan Ibrahimovic. Otro de los temas desagradables es que el Departamento de Justicia de Estados Unidos ha encabezado la investigación y el enjuiciamiento de funcionarios corruptos de la FIFA.

Por si fuera poco, entre Reino Unido y Estados Unidos existe una brecha enorme sobre el campo del futbol.

Oscar Wilde dijo en tono de broma que “hoy en día tenemos todo en común con Estados Unidos excepto, por supuesto, el idioma”. Tenía razón, en el país de Theresa May no se dice soccer sino football. Gran distinción entre dos ligas que se colocan en las antípodas de la técnica; la inglesa, entre las mejores del mundo; la estadounidense... sin palabras.

Internet es el hogar de muchos debates tontos e inútiles; sin embargo, su inutilidad se convierte en una fuente de fascinación. ¿Por qué la furia y por qué está dirigida exclusivamente a los estadounidenses, a pesar de que la palabra futbol se usa ampliamente en otros países anglófonos como Canadá, Irlanda, Australia y Sudáfrica?

¿Alguien espera realmente que los estadounidenses renuncien a la palabra soccer como el nombre del deporte más impopular de su país? Difícil.