Normalmente cuando alguien pierde a un ser querido la gente es empática, se entiende que esa persona necesitará su tiempo, espacio y sobre todo, el apoyo de su entorno; sin embargo, hay un tipo de duelo que muchas veces pasa desapercibido, actualmente uno de cada cuatro embarazos se pierde de manera natural, otros casos son provocados, el hecho es que esta situación es mucho más común de lo que imaginamos, pero lejos de acompañar, los prejuicios, tabúes y retos que enfrentan las mujeres han dejado profundas huellas en la sociedad.

“En los entornos más cercanos de la mujer se desarrolla un silencio casi absoluto alrededor de cualquier pérdida gestacional, como si no apelar a la situación hiciera que ésta desapareciera o nunca hubiera pasado; lo grave es que el asunto sí pasa y se convierte en parte de la historia de la persona”, explica María del Carmen Alva, fundadora de Alerta Sophia, una institución académica especializada en formar y capacitar personas que atienden a mujeres y familias en situación de pérdida gestacional.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), a pesar de lo diferente que puede ser la experiencia de perder un bebé, el estigma, la vergüenza y el sentimiento de culpa son características presentes, independientemente de la cultura, nivel de formación o educación.

En todo caso hay preconcepciones como que no hay dolor porque nunca se conoció al bebé o porque la mujer tenía poco tiempo de embarazo; si el bebé no nació, en realidad nunca existió, o que el suceso tiene poca importancia porque la mujer o la pareja pueden tener más hijos, entre otras cosas; incluso en el caso de pérdidas inducidas, pueden también presentarse prejuicios como que si la mujer o la pareja lo provocó, no debe haber duelo; que la mujer debe guardar el duelo para sí misma, pues fue su decisión, o que la mujer es la única culpable o responsable.

Alva explica que contrario a todas estas frases, lo que necesitamos es voltear al interior y ver qué pasó, “los humanos somos seres de afecto e integrales lo que pasa con lo físico está conectado con lo emocional, ubicar que un evento de tal naturaleza impacta y de qué manera repercutirá en la relación con los demás, y no al revés como en muchos casos se da”.

La especialista dijo que como sociedad nos enfrentamos a un tema complicado, ya que cae en un debate ideológico y político, “el juicio se metió en un tema de salud, esto nunca debió haber sido manoseado por otros temas, porque la persona que enfrenta una situación así está necesitada de ayuda y hay que partir de ahí, lejos de las circunstancias en que se dieron”, lo esencial es dejar de lado ese enfoque para concentrarse en atender a la persona y ofrecerle opciones de ayuda para atender sus sentimientos y elaborar su duelo.

Toda herida es digna de ser vista y ser atendida

Alva explica que hay ciertas acciones que podemos contemplar para una situación así, de entrada, si sentimos algo, es un primer paso para la recuperación, y no necesariamente tiene que ser tristeza, las personas reaccionan de diversas maneras, incluso no sentir nada es una señal, por ello el primer paso es validar los sentimientos, y la persona indicada para eso, somos nosotras mismas.

El siguiente paso es registrarlo, muchas personas lo hacen escribiendo o dibujando. Luego viene la pregunta ¿qué necesito?, ahí ya entra la sociedad, una red de apoyo sólida donde a veces es suficiente una amiga, un familiar cercano, o probablemente se requiera ayuda externa, pues no siempre tenemos estas relaciones naturales donde estamos acostumbrados a expresarnos y validarnos.

¿Cuándo pedir ayuda externa? La especialista explica que cuando una situación nos paraliza y los que están alrededor nuestro están igual, pues también hay dolor y expectativas, para bien y para mal, este es el momento. Para ello hay psicólogos clínicos, terapeutas especializados, orientadores familiares, tanatólogos y psiquiatras, también existe la sociedad civil como el Instituto IRMA, para proveer de esta ayuda y las instituciones académicas, como Sophia que además quiere preparar a otros para poder trabajar con estas experiencias.

Un último punto que Alva destacó es la necesidad de validar al hombre, pues a él también le afecta este momento, “hemos cometido el error de pensar que el hombre es la figura de fortaleza mal entendida, pero la verdadera fortaleza está en quien se reconoce débil y necesitado. Tenemos que recordarle al hombre que también esperamos eso de él, para que reciba apoyo”.

nelly.toche@eleconomista.mx