Para el guionista Ricardo Álvarez, la clave para hacer un buen guion es enamorarse de lo que se va a contar: “Cuando te emociona una historia, lo que quieres es contarla y que se filme. Hay que buscar la mejor historia posible, que te enamores y que sea algo que pagarías por ver. Cada quien guionista o cineasta sueña con cosas distintas, algunos sueñan con ganarse algún premio, otros con tener reconocimiento (comercial), pero lo que quieres es que le vaya bien. Y si llegan al mismo tiempo está padrísimo, pero es raro”.

El guionista egresado de la Universidad Iberoamericana, es el escritor de Cómo cortar a tu patán, una de las cintas más taquilleras del 2017, y de los 12 mejores estrenos en la historia del cine mexicano, industria que considera pasa por un muy buen momento.

“Yo creo que poco a poco se está consolidando una industria. Por ahora somos una colección de gente haciendo cine por su lado, pero no hay un sentido gremial. Cada quién está haciendo un esfuerzo por contar historias. Con el tiempo tendremos un sistema de estudios, pero para eso falta mucho, para eso hay que hacer más cine de género, lo que aquí se hace es comedia romántica y de terror pero párale de contar. Pero no lo hacemos como se hace en Argentina, Brasil o España”

“Debemos tener más cine de género y a gente especializándose en contar historias de ese tipo. Para para eso hay que tener buenas historias, pero también tener constancia porque el 80% de los productores y directores filman cada cinco años o más, y es como hacer una ópera prima cada vez… y esto es como una disciplina deportiva donde hay que calentar diario y concursar cada año. Además, por ahora, hay mucho miedo de hacer algo más allá de la comedia romántica, porque se cree que tienen más posibilidades de ser algo más comercial, pero eso es subjetivo lo que es comercial dependen de las modas, pero lo que ahora funciona no lo hará en dos años y uno no se puede esclavizar”, comenta Ricardo.

Para el guionista, las cintas comerciales, capaces de atraer grandes audiencias son de suma importancia para la industria pues son éstas las que al final de cuentas son capaces de sostenerla. Si a una película le va bien, las productoras y distribuidoras podrán posteriormente apoyar producciones pequeñas.

A pesar del buen momento por el que atraviesa el cine mexicano, con diversas producciones comerciales, además de ola de producciones televisivas que se han ido generando en los últimos años, el trabajo del guionista no es mucho más fácil que antes: “Hay que estarle buscando por todos lados y poner diferentes huevos en diferentes canastas porque el proceso es muy complicado, puedes tardar cuatro o cinco años para levantar una película, y en la tele también, porque cambian ejecutivos y las políticas, también cambian los intereses. En un día promedio estoy pensando con tres películas en diferentes. Porque debe ser así no puede terminar un ciclo y luego empezar la que sigue. Hay que empezar una y mientras hacer un tratamiento para que en diferentes etapas tengas una continuidad”.

El ego del guionista

A Ricardo siempre le ha gustado escribir, pero nunca había pensado en ser guionista. Sin embargo, por azares del destino, fue invitado a escribir el guion del programa de cocina Chepina en su cocina (1999) y de ahí, emocionado por las posibilidades del oficio, su destino se fue trazando.

Posteriormente participó en las series Una familia con ángel, La familia Peluche (donde fue uno de los creadores), El pantera, Terminales y Trece Miedos. Su incursión al cine se dio de la mano de la misma Tagliavini, quien lo llamó para colaborar en el guion de la cinta Ladies Night.

En la cinta Cómo cortar a tu patán, Ricardo gozó de libertad creativa, sin embargo, siempre estuvo al servicio de otros: “Al final de cuentas el guion es una herramienta de producción, no es una obra literaria… tu ego, tu orgullo y tu sensibilidad pueden ser maltratados por varios cambios, normalmente es lo que sucede. Quisieras que tu visión esté retratada de una manera más fiel, pero uno debe ceder y entender que hay un fotógrafo, un productor, un director”. Así pues, para una visión más fiel, el guionista debe tomar las riendas del asunto y convertirse en director.

El hecho de que el guionista está casi siempre en contubernio con el resto del equipo creativo, en lo que Ricardo llama una relación poliamorosa, no implica que no se puedan hacer trabajos más personales, y es en lo que Ricardo anda últimamente: “Tengo varios guiones y espero que pronto alguien conecte… Tienen que ver más como mis preocupaciones temáticas, uno como guionista tiene uno preguntas existenciales y las contesta con historias. Para un trabajo más personal debes conectar con alguien que tenga esa misma pulsión o pulsiones que uno tiene. Y uno de ellos ya lo vendí, pero aun no quiero hablar mucho del asunto, porque el proceso todavía es largo”.