En México contamos con una de las especialistas en ecología evolutiva y microbiana más reconocidas a nivel mundial, Valeria Souza, quien ha dedicado su vida en entender las causas de la biodiversidad en microorganismos, sus procesos de adaptación y diversificación; por ello, en 1999 la NASA la buscó para emprender un proyecto sobre la diversidad microbiana del Valle de Cuatro Ciénegas, Coahuila, el único lugar del planeta donde habita la mayor diversidad de bacterias de más de 3,800 millones de años de antigüedad, es decir, es la clave para entender cómo surgió la vida en la Tierra y así comprender la evolución en Marte, pues se trata del lugar más parecido a ese planeta.

Souza supo desde los seis años que su destino estaba en la ciencia, en la biología específicamente, ella creció cuidando bichos y rescatando ratones y arañas, pero nunca imaginó que llegaría a ser parte de la Academia Mexicana de Ciencias y que sería la primera mexicana miembro de la Academia Americana de Artes y Ciencias, a la que también pertenecieron Charles Darwin y Albert Einstein.

Con este ejemplo, la frase de que el conocimiento no tiene género, cada vez se confirma más, sin embargo, la realidad es que aún existe una brecha que pone a las mujeres en desventaja. Precisamente para hacer reflexiones al respecto y presentar iniciativas que eliminen estas barreras, el 11 de febrero fue designado por Naciones Unidas como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

La participación femenina en la ciencia no es sólo cuestión de justicia social, “cuando hay mujeres se hacen nuevas preguntas y se exploran temas con miradas distintas; el conocimiento se enriquece con la inclusión”, dijo Norma Blázquez Graf, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM.

A pesar de que “en México hay avances, el mayor logro de los últimos 15 años es que las mujeres pueden estudiar una carrera y luego un posgrado, porque se ha invertido en becas, pero falta conciliar esta política con el campo laboral y la brecha salarial”.

Según datos de la UNESCO, hoy en el mundo la incursión de las mujeres en la ciencia es del 30%, sólo ese porcentaje opta por estudios superiores dentro del campo de las ciencias exactas y naturales, tecnología, ingeniería y matemáticas. en México este proceso ha sido más lento, por ejemplo, en la UNAM, carreras como Matemáticas e Ingeniería alcanzan apenas el 19 por ciento.

Estereotipos

De acuerdo con Blázquez Graf, en algunos campos las mujeres no participan debido a los estereotipos o prejuicios de género, pues “desde pequeñas nos enseñan que no somos capaces para ciertas disciplinas, y socialmente se intenta que no nos gusten”.

Sobre ello, existen investigaciones donde se muestra que hasta los nueve años de edad las niñas tienen el mismo interés que los niños en áreas como física y matemáticas, pero conforme crecen ya no se interesan, porque la consigna de género las empuja a dedicarse al cuidado, a campos de la salud, y no a matemáticas, física o ingeniería.

Desde los juegos y los juguetes se dirige a ambos géneros a determinados saberes, y la situación se refuerza en la escuela, “donde los maestros hacen que se sigan caminos distintos en vez de estimularlos a que prueben de todo”. Para modificar estos estereotipos, la universitaria aconsejó trabajar en igualdad de oportunidades con los infantes desde preescolar, y con los docentes para derribar prejuicios.

Panel de discusión en el FCE

En este tenor, cuatro científicas mexicanas se reunirán este martes 11 a las 11:00 hrs. en la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica (FCE), en la colonia Condesa, para discutir cómo lograr el acceso y la participación plena y equitativa en la ciencia para las mujeres y las niñas, y además para lograr la igualdad de género y su empoderamiento. Ellas son: María Ester Brandan, Alicia Mastretta, Julia Tagüeña Parga y Gabriela Guzzy.

Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

 El 15 de diciembre de 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) proclamó el 11 de febrero como Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, para lograr el acceso y participación plena y equitativa de ellas, su empoderamiento y la igualdad de género.

Los antecedentes de esta fecha fueron:

  • La Conferencia Mundial sobre la Mujer de la ONU, celebrada en 1995 en Beijing, China, en donde por primera vez se incluyó en la agenda de los problemas de las mujeres su derecho a la educación y la ciencia.
  • La Conferencia Mundial de la Ciencia, realizada en 1999 en Budapest, Hungría, donde se contempló en la agenda científica la importancia de su derecho a la igualdad.

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