Fue un año y medio de pandemia, medidas restrictivas intermitentes, incertidumbre en la industria de los exhibidores, en la producción cinematográfica y en la distribución. Paradójicamente, y debido en parte a esas mismas restricciones, este 2021 se confirma como uno de los años más complejos y de mayor proyección para casas productoras como la mexicana PIANO, fundada exactamente hace 10 años por Julio Chavezmontes y Sebastián Hoffman.

La edición 19 del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), que arranca este miércoles, es prueba de la importancia que ha cobrado esta casa productora que inició su andar con la producción de la cinta “Halley” (2012), misma que hace una década se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) y a posteriori fue cinco veces nominada a los Ariel.

Diez años después de su debut en sociedad, este miércoles PIANO vuelve por la puerta grande de encuentro fílmico, primero con la proyección inaugural de “Annette”, del realizador de culto Leos Carax, ganadora del premio a Mejor Dirección en Cannes, con la presencia de Carax en la capital michoacana.

Adicionalmente, en el marco del FICM, PIANO estrenará para México las cintas “Memoria”, del realizador tailandés Apichatpong Weerasethakul, ganadora del Premio del Jurado también en Cannes, y “Bergman Island” (La isla de Bergman), de la realizadora francesa Mia Hansen-Løve, exhibida en Un certain regard. Pero eso no es todo: la productora proyectará el largometraje documental zoque “Pobo’tzu’” (Noche blanca), de Tania Ximena Ruiz y Yollotl Alvarado, como parte del ciclo del Foro de los Pueblos Indígenas del FICM.

Cuatro proyectos de dimensiones diferentes impulsados por una productora que así consolida su peso específico en la industria cinematográfica mexicana.

El Economista conversa con Julio Chavezmontes (SC) y Sebastián Hoffman (SH) a propósito de su décimo aniversario y en vísperas de iniciar su amplia participación en Morelia.

─ ¿Cómo ha evolucionado PIANO en una década?

SH. Julio y yo nos conocimos en Mantarraya. Yo ya tenía la idea de “Halley”, que venía de un cortometraje que había hecho. Tenía una escaleta, Julio la leyó y le pareció ideal para filmar. Ambos sin ser guionistas empezamos a desarrollar este experimento narrativo y visual. En 2011 logramos filmar con muy poco dinero e irónicamente sin apoyo del Estado porque no teníamos un guion clásico. Filmamos nuestra primera película con capital de riesgo, pero fuimos a tocar puertas y conseguimos inversionistas, uno de ellos Mantarraya. Después fuimos elegidos por Morelia y luego por Rotterdam en competencia, más tarde en Sundance y San Sebastián. Empezamos a recibir estas cartas de aceptación y entonces tuvimos claro que debíamos hacer algo. Julio y yo tenemos gustos similares que se nota en la línea curatorial de PIANO. Así que tuvimos muy claro que queríamos ser una casa productora para voces diferentes.

JC. Nos hemos mantenido en la línea con la que se originó PIANO. Nuestra principal convicción siempre es hacer películas que cuando uno ve el guion no solo lleguen a conmover, sino que emocionen por los riesgos que toman. Lo innovador siempre viene acompañado de un riesgo. No hay nada que resulte novedoso y sea un éxito si se puede hacer sin ningún tipo de riesgo. Ese ha sido el espíritu de PIANO desde “Halley”.

─ ¿Esos riesgos tienen que ver con el financiamiento?

JC. No del todo. Las películas se tienen que financiar de forma congruente con lo que son. Hay algunas cuyo único objetivo es cultural. Ese tipo de proyectos tienen otros tipos de retorno, uno de ellos es ese: cultural, porque pasan a formar parte del patrimonio del país, y otro es el retorno a nivel de industria, es decir que contribuyen con su desarrollo. No es necesario que el retorno sea comercial. Esa es parte del éxito de PIANO, que siempre hemos sido muy claros con los socios que hemos tenido y eso nos ha facilitado relaciones muy duraderas con distintos coproductores e inversionistas y nos ha permitido seguir aquí 10 años después.

─ ¿Qué reflexiones les dejan 10 años de trabajo en esta industria?

SH. Si de algo estoy orgulloso de PIANO es que de alguna manera hemos contribuido con nuestro grano de arena a esta nueva ola del cine mexicano, que afortunadamente la sigue rompiendo en los festivales internacionales. Y creo que es una de las cosas por las que deberíamos de pelear para salvar, no solo a nivel industrial sino curatorial. Aunque en un principio las películas eran muy pocas al año, eran de muy alto nivel intelectual y estético. Eso es lo más importante, lo que debe comprender la nueva administración.

Mirando para atrás a lo largo de estos 10 años creo que la historia va a juzgar bien a PIANO. Creo que todas nuestras películas han sido muy cuidadas, nunca hemos tratado de ser políticamente correctos ni políticamente incorrectos. Tampoco hemos tratado de hacer un cine social per se, hemos evitado hacer cintas del narco o de la miseria cuando todos los demás lo hacían. Hemos empujado películas fantásticas, las abordamos desde el absurdo, desde esa fantasía. Son películas con temas bastante universales, filosóficos. Quiero pensar que cuando la historia visite todos estos tiempos, porque lo hará, el narcocine va a ser visto como las películas de ficheras para nosotros.

─ ¿Cómo medir la consolidación de una industria como la mexicana?

JC. Es a raíz de éxitos de películas como las de Carlos Reygadas y Amat Escalante o lo que han hecho directoras como Alejandra Márquez Abella o Yulene Olaizola. Ese éxito ha fomentado un crecimiento en todos los niveles, desde los técnicos, proveedores y elenco, y ha permitido que haya inversiones tan fuertes de plataformas y estudios de Hollywood. El talento ya está, solamente hay que desarrollarlo. Y si no hubiera habido una inversión pública previa para desarrollar la industria y ese talento, jamás habrían llegado estas inversiones con un valor gigantesco.

SH. Tengo muchos amigos técnicos cinematográficos que están muy cotizados y están trabajando muchísimo, pero es gracias al capital externo, a las empresas americanas, como Amazon o Netflix e incluso los estudios estadounidenses que están filmando una vez más en México. Están maquilando de nuevo aquí y se les está yendo el miedo. Nuestros amigos afortunadamente tienen trabajo. Eso por un lado ha generado más industria y más competencia, pero, por el otro, está esta capa más endeble de la industria mexicana.

─ ¿Quieren decir que los apoyos del Estados son imprescindibles?

JC. Absolutamente esencial. Incluso, contrario a lo que se piensa, las más grandes producciones en Hollywood tienen algún tipo de subsidio importante, ya sea con tax credits en el estado de Georgia o en Irlanda del Norte, tienen efectivos que van más allá del retorno inmediato. Hay una intervención muy clara e importante del gobierno estadounidense para su industria. En los tratados de libre comercio que firman siempre mantienen un apartado importantísimo relativo a la exhibición cinematográfica porque defienden esos intereses. El Estado mexicano debe comprender la importancia de esta industria, porque hay países que ya lo están haciendo, como es el caso de Colombia. Corremos el riesgo de quedarnos atrás si no prestamos atención.

SH. PIANO simplemente no hubiera sido posible hace 10 años sin el respaldo de las políticas públicas.

─ En ese sentido, ¿cuáles son las perspectivas ante los trabajos para una nueva ley de cine?

JC. Nuestra clase política no entiende el valor del patrimonio cultural de México en el cine ni en la literatura ni en las artes en general. Como no lo ve dentro de la monetización más burda, no lo entiende. Lamentablemente, cuando se realizó la extinción de los fideicomisos, por razones que nunca se explicaron, ni Mario Delgado ni Ricardo Monreal explicaron, se derogó gran parte del Capítulo 7 de la Ley Federal de Cinematografía que obligaba al Estado mexicano a impulsar la industria cinematográfica. Al día de hoy, el Estado mexicano no tiene esa obligación. No entendemos por qué eso no se ha remediado de inmediato. Entonces, me parece que resolver ese vacío en la ley vigente es de importancia tan trascendental que no se puede dejar así. La cinematografía requiere mucha más atención y mucha más seriedad del Estado.

Para cuando se quieran retomar las políticas públicas en la materia podríamos vernos rebasados. Para nosotros lo importante es garantizar el futuro de la industria, porque el presente ya existe. No lo estamos luchando para nosotros.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx

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