“Me gustaba contar de las pecas de mi abuelita y las manchas de mi perrita, y luego comencé a contar las cosas importantes, y luego conté las cosas de mala. Ahora quiero contar abrazos y sonrisa de felicidad”, nos dice el Contador, uno de los personajes de la puesta en escena infantil El cantar de Rolando que se presenta todos los domingos en el teatro La Capilla. 

La obra escrita por Isaac Pérez Calzada y dirigida por Paola Izquierdo, cuenta la historia de dos sujetos, en apariencia diametralmente opuestos: un clown y un contador que se encuentran en un circo en medio del desierto, y es en este espacio en donde comienza a surgir la magia. 

“Rolando está solo en el desierto y no sabemos como fue, pero de pronto se quedó solo y tuvo que hacer él mismo a todos los personajes que están en el circo. El único espectador que llega es el contador, es exitoso y le va bien, pero ha dejado de lado su vida, sus afectos y todo aquello que le hacía feliz. El contador le dice a Rolando: usted necesita un contador y yo necesito volver a conectar con quien yo era y con mis sueños. Y entre ambos reconstruyen el circo”, nos dice Paola.

Para la directora escénica, siempre hemos sido educados para tener buenas calificaciones y para hacer lo correcto, y muchas exigencias con las que poco a poco vamos dejando la experiencia de ser niños: “Creo que ahora hay mayor competencia entre los adultos, más dificultades para tener un trabajo, y tenerlo de forma digna. Y de pronto te olvidas de tus propios hijos porque trabajas para darle a tus hijos, y dejas de lado tus sueños y te apartas de las personas”.  

El texto original no hablaba directamente a los niños, pero Paola vio una oportunidad para crear algo de magia y llevarlo a los niños y al niño que muchos adultos han dejado de lado: “Es un texto bastante simple. Isaac lo había escrito cono un ejercicio dramatúrgico, pero como ocurría en un circo donde pasaban cosas muy divertidas, me pareció que complementándolo podría ser para niños. El texto leído dura como 22 minutos, pero hay fragmentos sin palabras, coreografías, juegos escénicos y mucha música. Hay mucha comedia física, slapstick, mucha magia y muchos cambios de vestuario. Tuvimos la asesoría de dos magos para hacer el espectáculo”.

El cantar de Rolando también habla sobre la tolerancia a la equivocación. Y es que hay un momento en la obra en que los trucos de magia salen por casualidad o no salen como deben salir pero al final de cuenta, la magia termina presentándose: Te dicen que debes ser el niño perfecto con las calificaciones perfectas, y si no lo eres, eres un looser y un fracaso. Pero no te dicen que si algo sale mal, podemos volver a empezar, y ensayar esos actos de magia para que salgan bien”, comenta Paola. 

La directora está convencida de que hoy en día es más difícil ser niño, pues el contexto es más peligroso: “Antes se podía jugar en la calle. Yo me iba caminando sola al mercado desde los 11 o 12 años, y me regresaba de la escuela sola. No era tan difícil habitar ese mundo. Y te conocían los vecinos y la gente del mercado, pero si te llegaba a pasar algo tocabas a la puerta de alguien y te llevaban a tu casa. Ahora hay una urgencia por tener cosas de adulto, por tener ese iPad y dejar de lado los juegos de la imaginación”, concluyó Paola. 

El cantar de Rolando cuenta con la participación actoral de Juan Acosta e Isaac Pérez Calzada, y se presenta todos los domingos a las 12:30 del día en el teatro La Capilla.