Alguna vez alguien me preguntó por qué me convertí en bióloga. Entonces recordé mi infancia, en especial los días que caminaba descalza en el campo disfrutando el aroma de las flores y el ruido de los pájaros. Sentir a la naturaleza en mi piel me hizo convertirme en bióloga.

Hoy, buena parte del trabajo del biólogo es intentar enseñar a los jóvenes la importancia de conocer nuestros ecosistemas a la mayor velocidad posible porque la presión social demanda recursos. Las necesidades del ser humano han ocasionado daño en muchos sitios y, junto con ellos, han desaparecido especies que no alcanzamos a saber qué son, productos químicos que ni soñamos podrían existir o nuevas fuentes de alimentos que jamás probaremos.

Ante esta demanda de recursos naturales y el ritmo con el que se explotan, en el 2002 un grupo de 110 líderes mundiales firmaron el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) en el que se comprometieron, en el 2010, a alcanzar una reducción significativa del ritmo actual de pérdida de la diversidad biológica a nivel mundial, regional y nacional. Esto contribuiría a mitigar la pobreza y beneficiaría a todas las formas de vida en la Tierra.

Este Convenio es el primer acuerdo mundial que se enfoca en la conservación y uso sustentable de la biodiversidad.

En este 2010, el 10 de mayo la CBD puso a disposición del público la tercera edición de la Perspectiva Mundial sobre la Biodiversidad (GBO3, por su sigla en inglés) que representa un logro en el sentido de que se cuenta con datos recientes sobre el estado de la biodiversidad en el mundo. Pero desafortunadamente, el GBO3 concluye que no se ha cumplido la meta de biodiversidad.

Pero ¿por qué nos debe preocupar que se cumpla o no un acuerdo mundial sobre la biodiversidad?

Porque como seres humanos dependemos de ella. Ésta ha sido la fuente de nuestro alimento, tenemos arroz, maíz, frijol y un sinfín de cultivos que se originaron a partir de nuestra interacción con el ambiente. También tenemos medicamentos obtenidos de la biodiversidad, como la píldora anticonceptiva y la aspirina. A la biodiversidad le debemos la estabilidad climática: los árboles y otras plantas amortiguan el efecto de las gotas de lluvia sobre el suelo, los manglares de las costas sirven de barrera contra las inclemencias de los huracanes, los bosques son vitales para retener el agua que se infiltrará al subsuelo y que luego utilizaremos en nuestra vida cotidiana. Los beneficios que nos da la biodiversidad se denominan servicios ecosistémicos y su deterioro es la principal causa de preocupación para mantener el bienestar de nuestra especie.

El deterioro de los servicios ecosistémicos se ve reflejado, por ejemplo, en las inundaciones y hundimientos recientes, como el de la zona de Chalco, o en la baja en la producción alimentaria debido a que el servicio de polinización ha sido afectado porque se han perdido poblaciones de abejas.

Hoy más que nunca es importante tener conciencia de la necesidad de conservar y usar de manera sustentable los recursos naturales de los que gozamos. Además es necesario ayudar a que, como sociedad, entendamos mejor el privilegio que es vivir en uno de los países con mayor diversidad biológica del mundo o megadiverso.

Del 21 al 23 de mayo, la UNAM dará inicio, oficialmente, al año internacional de la biodiversidad con el magno evento de la milpa, baluarte de nuestra diversidad biológica y cultural (www.milpa.unam.mx), así como actividades en el museo Universum y el campus en Morelia. Este año será una oportunidad para reflexionar y rectificar nuestra relación con la naturaleza.

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