Un profesor de economía desencadenó indignación y enojo en la web durante el pasado fin de semana después de haber publicado un artículo de opinión para Forbes titulado “Amazon debe remplazar las bibliotecas locales para ahorrarles dinero a los contribuyentes”. Al momento de escribir este artículo, la pieza había sido eliminada del sitio web de Forbes.

En el artículo, Panos Mourdoukoutas, de Long Island University, argumenta que los cambios recientes en los mundos de la tecnología y el comercio han hecho que las bibliotecas sean en su mayoría obsoletas.

La ubicuidad de los “terceros lugares” como, por ejemplo, las cafeterías del vecindario ha disminuido el uso de las bibliotecas como espacio de reunión comunitario, dice Mourdoukoutas.

Los servicios de streaming han eliminado la necesidad de alquiler de películas y suscripciones a televisión basados en bibliotecas y los libros electrónicos han “convertido a los libros físicos en artículos de colección, eliminando la necesidad de recurrir a los servicios de préstamo de la biblioteca”.

Dado que las bibliotecas públicas se financian con dólares públicos, Mourdoukoutas argumenta que remplazarlas con librerías de Amazon ahorraría dinero a los contribuyentes. (El fundador y director ejecutivo de Amazon.com, Jeffrey P. Bezos, es dueño de The Washington Post).

La pieza de Mourdoukoutas es notable no tanto por los argumentos que articula sino por el grado de provocación que dispara y que, a cambio, recibe un contragolpe fuerte y feroz de parte de los lectores.

Vale la pena considerar por qué tantas personas reaccionaron al artículo de opinión de Mourdoukoutas como lo hicieron. Afortunadamente, los datos del Instituto Federal de Museos y Servicios de Biblioteca (IMLS) ofrecen algunas pistas.

En el 2016, “más de 171 millones de usuarios, que representan más de la mitad de los casi 311 millones de estadounidenses, visitaron bibliotecas públicas al menos en una ocasión, agregando el total de veces, lo hicieron más de 1.35 billones de veces”.

Las visitas a las bibliotecas han aumentado históricamente, aunque han tenido una tendencia a la baja durante los últimos años. En 1995, por ejemplo, sólo había 3.9 visitas a bibliotecas por habitante en Estados Unidos. Esa cifra alcanzó un máximo de 5.4 en el 2009 y ha disminuido moderadamente desde entonces.

El IMLS recomienda interpretar los cambios año tras año con precaución.

En un informe del año pasado, se revela que cada vez más los usuarios de las páginas web de bibliotecas descargan libros en sus lectores electrónicos, por lo que este tipo de visitas virtuales explican parte del descenso en el número de visitas físicas a bibliotecas desde el 2009.

El IMLS señala que en el 2016 alrededor de 171 millones de personas, más de la mitad de la población total de Estados Unidos, eran usuarios registrados en bibliotecas.

Amazon está trabajando de manera conjunta con bibliotecas locales. La empresa revela que “más de 11,000 bibliotecas en Estados Unidos ofrecen libros para descargarlos en el Kindle”.

Esto no tendría que sorprendernos. Las bibliotecas han convivido pacíficamente con las librerías de ladrillo, grandes y pequeñas, durante décadas.

Como se puede observar, no existen razones evidentes que determinen la necesidad de cerrar las puertas de las bibliotecas por cuestiones económicas.

Las visitas reales y virtuales a las bibliotecas van a continuar, y lo harán en función al comportamiento de los lectores. Siempre que una biblioteca seduzca a la demografía, ésta acudirá sin problema. Al parecer, el profesor Mourdoukoutas sólo mira los presupuestos.