Eduardo Matos Moctezuma, arqueólogo por antonomasia en México, tiene, como pocos, una carrera que está a punto de alcanzar 60 años en una institución de la que ahora es emérito: el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que este año está cumpliendo ocho décadas desde su fundación. No se puede afirmar estrictamente que él sea fundador. Pero de lo que sí es precursor y maestro reconocido es de la arqueología moderna, de la que se ha hecho en México durante los últimos 40 años. Ligado su destino profesional al Templo Mayor de Tenochtitlan, desde el descubrimiento del monolito de la diosa Coyolxauhqui, en 1978, ha sido el hombre-científico que está detrás de la configuración del nuevo rostro de los mexicas y del esplendor actual de su recinto sagrado, con sus grandes hallazgos y aportaciones a la arqueología y a la historia, y de algún modo ha sido promotor de la fascinación por Moctezuma II en diversos museos del mundo. Por si eso no bastara, un doctorado honoris causa concedido por la Universidad Nacional Autónoma de México y su nombre impuesto a una cátedra por la Universidad de Harvard confirman quién es y quién ha sido Eduardo Matos Moctezuma: un hombre clave para la cultura nacional y particularmente para entender los entresijos de nuestro pasado mesoamericano.

El próximo 19 de noviembre, el doctor Matos Moctezuma será objeto de un homenaje que le rendirá el Seminario de Cultura Mexicana (SCM), del cual es miembro titular desde 1989, y será emérito a partir del martes. El consejo nacional del SCM “acordó de manera unánime este homenaje por sus aportes a la cultura mexicana”, expresó el presidente del seminario, Felipe Leal.

En vísperas del reconocimiento, el doctor Matos concedió una charla a El Economista, en la que se dijo satisfecho.

-¿Cómo recibe este homenaje una figura con una trayectoria como la suya?

—Lo asumo como un compromiso, por supuesto que trae aparejado la celebración de una labor, pero para mí lo más importante es el compromiso que implica un reconocimiento de estos de hacer las cosas mejor. No nomás es recibir las glorias del reconocimiento y ya dormirte en tus laureles.

-Concretamente para usted, con tantos reconocimientos y maestro de muchas generaciones, incluso mentor de los arqueólogos más distinguidos de este país, ¿qué significa hacer las cosas mejor?

—En mi caso, la excavación arqueológica fue una tarea importante durante algún tiempo; la investigación, preparar informes, escribir libros, no solamente para académicos sino para un público más amplio interesado en temas de arqueología, y el compromiso que sigue es ése: seguir animando a los colaboradores de mi equipo en el Templo Mayor, seguir escribiendo, dando conferencias, hacer labor de divulgación.

El doctor Matos, líder académico del Templo Mayor de Tenochtitlan, dice que ya no hace trabajo en campo, “de eso se encargan mis colaboradores que son más jóvenes, y es en los que yo descanso de todas estas cosas: como Leonardo López Luján, quien encabeza ahora el proyecto arqueológico en el recinto sagrado; Raúl Barrera Rodríguez, en el Proyecto de Arqueología Urbana, ambos creados por mí, y Patricia Ledesma Bouchan, al frente del museo.

“Pero hay otros investigadores en Templo Mayor, como los arqueólogos Adrián Velázquez, Ximena Chávez, Salvador Guilliem, Carlos González, Lorena Vázquez, y también muchos biólogos y antropólogos físicos que han aportado mucho al conocimiento que tenemos de la vida en Tenochtitlan. Entonces, da gusto ver cómo esto ha ido floreciendo y va para adelante, ahora en manos de ellos.

-Por lo que me dice, está haciendo el cierre de un ciclo de investigación que partió hace muchos años en la excavación arqueológica, continuó en las horas interminables de los estudios de gabinete y ahora tiene ante sí el reto de compartirlo no sólo con los eruditos sino con el público. Partiendo de eso, ¿en qué momento estamos ahora mismo en las instituciones académicas mexicanas en términos de difusión?

México tiene una larga tradición arqueológica y el INAH tiene por ley esa tarea sustantiva. No sólo investigar y conservar el patrimonio arqueológico, sino darlo a conocer. Me preguntan a veces que cuántos sitios arqueológicos tiene México, 10,000 o 100,000. Yo les digo: tenemos uno y se llama México. Porque donde excaves hay vestigios arqueológicos, hay historia. Y eso implica también difundir ese patrimonio, primero para conocer la historia y segundo para evitar saqueos.

-Intento colarme en la entraña, en el alma del doctor Matos y hurgar en sus afectos profesionales. Le pregunto cuál es el sitio arqueológico que le trae mejores recuerdos, el que ha marcado su vida, y parece ocioso, sabiendo que ha pasado más de 40 años desenterrando la urbe tenochca. Le digo que sé que antes estuvo en Tula y en Teotihuacan, y le pido que me revele su momento de mayor satisfacción y el más frustrante en su carrera. Se me escabulle.

“La arqueología no se trata de encontrar objetos bonitos”, previene antes de responder a mis preguntas.

Si aparecen, magnífico; todos ellos aportan a la investigación. Al arqueólogo lo que le interesa es conocer esos contextos, ayudar a reconstruir la historia; igual de valiosa puede ser la información que te da una punta de flecha que un monolito. En el Templo Mayor lo que hemos logrado es eso, encontrar el nuevo rostro del mexica, y ese nuevo rostro se ve plasmado en su obra en sus ofrendas, en su arquitectura, en sus murales...

Eduardo Matos hace una pausa para referirse al libro Al pie del Templo Mayor. Estudios en honor de Eduardo Matos Moctezuma, en el que se publican 30 trabajos  encabezados por arqueólogos jóvenes y estudiosos de otras disciplinas que han ayudado a configurar eso que él llama “el nuevo rostro del mexica”. Ese proceso que culmina en estos estudios —dice— es lo que a él más le enorgullece y no un hallazgo concreto.

La cátedra en Harvard

Al final de la entrevista, el arqueólogo se dice muy satisfecho con el desarrollo de la cátedra Eduardo Matos Moctezuma Lecture Series, que él inauguró en el 2017, y adelantó que en abril del 2020 le tocará al escritor Juan Villoro dar su conferencia magistral en la universidad estadounidense. A la vez, revela que se explora la propuesta de que la última sesión de la cátedra, hacia el 2021, sea un panel donde especialistas aborden el acontecimiento de la Conquista de México, desde el concepto de “encuentro de dos mundos”, que legó a la historia mexicana el recién fallecido Miguel León-Portilla. “Queremos que sea un simposio, que dure varios días y estamos pensando quiénes pueden ser los más adecuados para hablar de este tema. Será una especie de homenaje a Miguel León-Portilla”.

La falta de presupuesto nos puede llevar a un impasse

Obligadamente cuestionado por la situación presupuestal que padece el INAH y otras instituciones académicas que ha afectado principalmente a los investigadores con contratos temporales, el doctor Matos se posiciona:

“Vemos con preocupación que hay cierta privación presupuestal en ciencia y cultura y es muy importante que se robustezcan esos campos, porque es muy importante para llevar adelante la investigación y la difusión del conocimiento, de lo contrario, caeríamos en un impasse que no nos llevará a nada”.

Nuestro entrevistado

Eduardo Matos Moctezuma (Ciudad de México,1940) es maestro en Ciencias Antropológicas con especialidad en Arqueología, por la Escuela Nacional de Antropología e Historia del INAH y por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Es investigador emérito del INAH, doctor honoris causa por la UNAM, miembro del Seminario de Cultura Mexicana y de El Colegio Nacional.

Ha sido por más de 40 años el líder académico del proyecto Templo Mayor de Tenochtitlan, y entre sus obras destacan: Muerte a filo de obsidiana; Vida y muerte en templo Mayor, y Mentiras y verdades en la arqueología mexicana.

Presentación Editorial

Al pie del Templo Mayor de Tenochtitlan. Estudios en honor de Eduardo Matos Moctezuma.

Coordinadores: Leonardo López Luján y Ximena Chávez Balderas.

Se presenta el miércoles 27 de noviembre a la 12:00 horas en El Colegio Nacional, Donceles 104, centro histórico, Ciudad de México. Entrada libre.

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