A Patricia Chavero, ?por sus méritos académicos

Uno de los ejercicios que aplico a quienes intento formar como emprendedores culturales tiene que ver con la elaboración de un mapa del empresariado del país. Se trata de que conozcan quiénes son, qué negocios tienen, de qué manera intervienen en la economía y cuáles de ellos inciden en el mercado cultural, ya sea por su propia actividad comercial o por la vía del mecenazgo, el altruismo o Responsabilidad Social. En efecto, una gran mayoría desconoce este abordaje como elemento sustantivo del ser aspirante a empresario cultural y cierto también que el mapa no ocupa mucho espacio.

Hay dos herramientas confiables para este tipo de análisis desde la economía cultural, que son generadas anualmente por la revista Expansión: el listado de las 500 empresas más importantes y el listado de los 100 empresarios más importantes. En lo que es un muestreo para conocer tendencias, en el primer caso son 30 las compañías que participan en alguna modalidad dentro del sector cultural. En el segundo, además de dominar los hombres, son 21. Se crece a 26 si sumamos a destacadas figuras que en esta ocasión no aparecen en el listado.

Reunir nombres proyecta múltiples significados. Vayan por delante para que usted descifre antes de mis elucubraciones. María Asunción Arámburozabala, Carlos Slim, Carlos Fernández, Eduardo Tricio, Daniel Servitje, Miguel Alemán Magnani, José Antonio Fernández, Germán Larrea, Armando Garza, Agustín Coppel, Alejandro Soberón, Juan Beckman, Alfredo Harp, Lorenzo Zambrano, Emilio Azcárraga, Ricardo Salinas, Antonio del Valle Ruiz, Alejandro Ramírez, Eugenio López, Carlos Hank Rohn y Jorge Vergara.

Los cinco adicionales son Roberto Hernández, Manuel Arango, Sergio Autrey, José Serrano, Juan Antonio Pérez Simón y los Claudios X.

González. ¿Está difícil mencionar sus negocios? No, por supuesto. ¿Quiénes son dominantes por su aportación a la economía cultural? Aquellos que distribuyen tecnologías, generan contenidos y ofertan servicios.

Cuatro empresas concentran el flujo de capital, el consumo de las personas y las ventas netas que se cuentan en miles de millones de pesos: Grupo Carso (América Móvil, etcétera), Grupo Televisa, Cinépolis y la Corporación Interamericana de Entretenimiento (CIE).

Y son los numerosos intereses de Carlos Slim los que generan la mayor derrama vía mecenazgo, altruismo o RS. El monto imposible saberlo, pero en alguna declaración de Arturo Elías Ayub, al frente de Fundación Telmex, atrevió a decir que inyectan más de 4,000 millones de pesos anuales… Pero, como bien se publicita, la Fundación Slim tiene un patrimonio estimado en 3,500 millones de dólares.

Al apoyarme en el arqueólogo de los significados, colega del Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura de la UAM Xochimilco, Eduardo Caccia, a quienes ejercen dos de los grandes núcleos de poder, Enrique Peña Nieto y Miguel Mancera, debería ocuparles públicamente lo que significa la imbricación entre economía y cultura, tanto como a quienes operan la transición en el sector, María Cristina García Cepeda y Andrés Webster Henestrosa. Y algo, espero, a las escuálidas comisiones de cultura del Legislativo. Ante las evidencias que arroja este somero análisis, vale recordar lo varias veces expuesto: necesitamos más y mejores emprendedores y empresas culturales. Sólo una política de apoyo a la diversificación del mercado romperá la dominancia en numerosos servicios, contenidos y tecnologías que modelan los consumos y códigos culturales.

Cierro con estas palabras de Emilio Azcárraga que vienen en la reciente edición de Expansión: Nos debemos enfocar en producir contenidos para las diversas plataformas y para todas las audiencias que están en esas plataformas. Hay un modelo que llamamos 360. Vamos a que puedas tener toda tu información, todos tus datos, todas tus comunicaciones y todo tu entretenimiento en un dispositivo móvil y yo tener la manera de entregártelo donde estés y a la hora que lo quieras, sea nacional o internacionalmente.

Como los cambios son tan rápidos, creo que es una buena apuesta o visión estar claros en que tenemos que entregarle al usuario lo que quiera .