El Pleno de la Cámara de Diputados aprobó, en votación económica, modificar el Artículo 16, Apartado A de la Ley de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal de 2020, y adicionó la fracción VIII, con lo cual se otorga un estímulo fiscal que consiste en una deducción adicional para los efectos del Impuesto Sobre la Renta (ISR), por un monto equivalente al 8% del costo de los libros, periódicos y revistas que adquiera el contribuyente.

Las librerías aspiraban a una “tasa cero” para no pagar el Impuesto al Valor Agregado (IVA), sin embargo, no lo lograron, a pesar de las promesas del diputado Sergio Mayer.

En México existen alrededor de 1,204 librerías, el 31% de éstas se encuentran en la Ciudad de México y el 69% restante en los grandes centros urbanos del país.

“Las librerías deben ser consideradas como centros estratégicos de desarrollo cultural y social. La idea es fortalecer a las pequeñas y medianas librerías, las cuales constituyen un eslabón importante al acercar a todas las personas a los libros y fomentar la lectura”, dijo el diputado Sergio Mayer Bretón, presidente de la Comisión de Cultura y Cinematografía de la Cámara de Diputados.

Carlos Anaya Rosique, presidente de la Coalición por el Acceso a la Cultura opinó: “Es un avance en el fortalecimiento de la estructura de comercialización del libro; las librerías podrán optar por algunos estímulos y también los editores”.

Sin embargo, el también expresidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem) consideró que “hace falta insistir en la tasa cero para el sector distribuidor y comercializador, es decir librerías, pues eso apuntaría al crecimiento del canal. Aunque mucho se habla de la ausencia de políticas públicas, esta medida fortalece la economía cultural y equipara a la industria editorial con los beneficios que han alcanzado otros sectores culturales como el cine”.

Pero el tema sigue siendo la “la tasa cero” para las librerías; “sí, sobre todo, pero también tarifas postales reducidas, mecanismos de transporte con costos reducidos, tramos de control (distribuidores más cercanos) y, sobre todo una campaña profunda y amplia sobre el valor social del libro, como contenedor de conocimiento y no simple objeto”, comentó Anaya Rosique.

kg