En Sexos la palabra lo dice todo, pero lo que menos vemos en escena es eso. Sexo. Vemos, en cambio, lo que está más allá del sexo: la representación de los dilemas que el ser humano teje en torno de este tema, o sea, la relación que establece con su propio cuerpo y con los demás seres humanos, sus frustraciones, sus delirios de grandeza. El sexo conduce en gran medida nuestra vida: no nos hagamos.

Cinco personajes en escena: una mujer ligera, un hombre pequeño, un mujeriego, una tonta y una neurótica. ¿Qué puede salir de ese enredo? Decepción y también fracaso: hombres que aburridos de su mujer buscar acostarse con la que sea, carne nueva, frutos frescos; mujeres idiotizadas por la ilusión del príncipe azul y el amor eterno (infección venérea que también es eficaz en algunos hombres); personas enfermas de sexo que creen que la cura está en el virus.

Por favor, no malinterprete: no decimos que el sexo sea malo, al contrario, pero sí es enfermiza la manera en que la gran mayoría de nosotros nos relacionamos con él. Quizá no nos queda de otra como individuos neurotizados y dependientes de intensidades. Para nosotros, el sexo funciona a la orden de una gran maquinaria que a través de la consecución del placer, activado por el influjo de la moda (ápice de la seducción de las cosas mismas y explotada por los discursos mediáticos), dirige nuestras vidas, nuestras demandas de métodos para paliar nuestros vacíos, un círculo sin fin. De eso trata esta obra de teatro.

Con más fallas que aciertos, Sexos funciona como una intrusión interesante en los temas del día a día de quienes vayan a verla. Pone en la mesa la discusión sobre nuestra relación con el sexo, nuestra fascinación por los modelos de vida convencionales, nuestra consecuente, hipócrita y cómoda manera de hablar sobre el tema.

La dirección no acierta en el modo de hacer interactuar a los personajes, ni en ubicar picos de tensión con ritmos adecuados. La obra intercala momentos muy cómicos con comportamientos poco convincentes. Quizá una comedia requiera más atribuciones estéticas en el escenario y no tanta frugalidad, aunque resulta complicado imaginarlo. Los actores están mandados a hacer para sus personajes: son elecciones muy certeras que dejan con ganas de verlos en un reto mejor logrado.

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