Nunca he ido a Suiza, pero siempre me ha parecido un país de juguete. Neutral en la guerra, Suiza se ha convertido en un país que se conforma con la eficiencia de su sistema financiero y por la belleza de los objetos que sus artistas crean. El diseño suizo es la bandera de este país tan peculiar.

En el Museo de Arte Moderno (MAM) se presenta un deleite: 100 años de diseño suizo, una celebración de un siglo de hacer bien las cosas.

Hay que recordar que fue en Suiza donde nació el dadaísmo como una protesta contra la guerra, allá a principios del siglo pasado. El dadá influye directamente en lo que hoy conocemos como diseño moderno, o de plano Swiss Style, con su poder de abstracción y su salida del escenario de las “cosas como deben ser”. Como ejemplo están los vestidos de Sophie Taueber-Arp, hechos en plena fiebre dadá, son hermosamente imprácticos con máscaras y guantes. Pero el diseño suizo pasó esa etapa y se convirtió en su propia corriente.

Los diseñadores suizos hacen las cosas a su modo y ese modo es tan bello, fluido y eficiente que cuando uno lo ve se pregunta: ¿y por qué no se le había antes a nadie?

Y es que todo lo expuesto, por extraño o innovador que sea, fluye. Nada se ve forzado o resulta inadecuado.

El gran reto de un diseñador es hacer una silla, el más simple de los muebles. La exposición nos presenta decenas de posibles sillas, algunas datan del siglo XX, otras son tan contemporáneas que parece que fueron diseñadas ayer. Vea su silla de escritorio: si es cómoda y útil es posible que haya sido diseñada en una fábrica suiza, o alguien le haya plagiado el estilo.

Donde el gran diseño suizo triunfa (bajo el lema de “Gute form” o buena forma) es en el mobiliario, pero no es lo único que está presente en la exposición. ¿Ha visto su licuadora, su extractor de jugos o su plancha de ropa? Todos son creaciones suizas que al mismo tiempo son funcionales y útiles. No hay desperdicio en su creación, con esos enseres domésticos Suiza creó una revolución: la de la emancipación del ama de casa. Productos como los Nestlé o los cubos de caldo de pollo Maggi son hijos de la inventiva suiza y hoy forman parte de la vida de todos nosotros.

En Suiza la competencia entre marcas no solo implica la calidad del producto sino también el ingenio, siempre eficiente, de los empaques y el impacto gráfico de su publicidad.

El alcance suizo llega hasta la tipografía. La fuente helvética no se llama así por capricho: fue creada en 1957 por Max Miedinger. Hoy es una de las tipografías más usadas en sitios de internet y procesadores de texto.

100 años de diseño suizo incluye el trabajo que hizo en México Yves Béhar, quien creó los lentes del programa “Ver bien para aprender mejor”.

Suiza es un ejemplo del apoyo de las artes desde el Estado. El país ha convertido el diseño en su bandera y el ministerio de cultura está detrás de lo que podríamos llamar la marca suiza.

Suiza, país de juguete, de relojes y los objetos que resuelven nuestra vida cotidiana.

MAM

Reforma y Gandhi, Bosque de Chapultepec

Martes a domingo, de 10 am a 5 pm

Entrada: $65

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