A pesar de que la frase que más se escuchó fue aun es muy pronto para hacer definiciones, hacer clasificaciones o sacar conclusiones, lo cierto es que los participantes de la mesa De qué escribimos cuando escribimos del narco en el Festival de Letras de San Luisa Potosí lograron llegar a algunas definiciones y clasificaciones… aunque la conclusión general siguiera siendo que aún es muy pronto para hacerlo.

BEF, F.G. Hagenbeck, Juan Carlos Reyna y el moderador Luis Carlos Fuentes, discutieron sobre temas formales, como pudiera ser rastrear los orígenes de la novela de narcos, que se puede trazar a principios de los 90, pero también sobre temas más trascendentes, como la posibilidad o imposibilidad del escritor de retratar el horror y la necesidad de hacerlo o no como oposición o complemento de la crónica periodística.

En ese sentido había dos polos opuestos: BEF, que escribió la estupenda novela Hielo negro (sobre la creación de una droga perfecta), aseguró que él, que escribe solo basándose en su imaginación, teme cruzar la barrera del horror que puede ser una matanza, y que entonces exagera y lo hace inverosímil.

Reyna escribió Confesiones de un sicario basándose sobre todo en las entrevistas que hizo a un asesino que mató a decenas de personas y que accedió a ser entrevistado porque no se le respetó el trato que tenía como testigo protegido, y asegura que no hizo exactamente periodismo porque no pretendía esclarecer hechos ni sucesos (su texto ha sido clasificado como novela sin ficción).

La intención de Reyna, quien es además músico del colectivo Nortec, doctor en psicología y documentalista, era entender cómo alguien se puede convertir en un asesino a sueldo, y si bien sobre eso es posible que tenga alguna comprensión, también admite ser incapaz de comprender la crueldad a la que ha llegado la delincuencia organizada en México.

Para Luis Carlos Fuentes, está claro que narco no es un género sino un tema y para BEF el tema es más general, es el crimen. Para Hagenbeck hace falta que alguien haga El Padrino del narco mexicano.

Este reportero arriesgó una pregunta larga: Así como podríamos ser muy esquemáticos y definir a la novela de detectives por su planteamiento del crimen como lejano y al que se puede combatir solo con la lógica; a la novela negra como aquella en la que el investigador sabe que encontró una pista porque recibe una golpiza a la salida del bar donde anduvo preguntando, y a la novela de mafiosos porque se basa en una estructura familiar y con un ética retorcida, ¿podríamos definir de una forma así de sencilla y esquemática a esta otra novela que trata del crimen que es la del narco? .

De entrada la respuesta es no, aún no, es demasiado pronto. Sin embargo, conforme se desarrolla la plática parece haber acuerdo en un esbozo. Por comparación con las historias donde, por ejemplo, la abrumadora y salvaje naturaleza rodea al personaje. No hay escapatoria, está por todas partes y está hecho para atraparte, tiene la eficiente estructura de una corporación…