Ay, la navidad. No es que no me guste pero, ah, todos lo sabemos: una cosa son las navidades de la infancia, son de otro color a la navidad de la vida adulta. Viene el estreno de Star Wars y eso me regresa un poquito de niñez, un poquito de despertar y ver el árbol lleno de regalos.

Pero, ah, la navidad me es difícil. Me pone nostálgica. Como no quería ponerme tristona, me fui a cubrir el concierto navideño que cada año da la Orquesta Sinfónica de Minería en el Auditorio Nacional.

No sé nada de música de concierto, soy una completa ignorante. La verdad es que toda me suena a música genérica de película de aventura, una onda muy John Williams (el de Star Wars). Mi sensibilidad musical no me da para mucho, pero ese concierto anual de Minería me parece lindísimo. Van familias completas y gente como yo, que no es abonado de las temporadas de las grandes orquestas del país y va a oír villancicos ejecutados como manda la ley de Santa Claus.

El concierto no se compuso solo de villancicos. Hubo otras piezas, como arias de ópera. Estuvo el joven tenor Alan Pingarrón, que es ciego y en una entrevista declaró bellamente que su voz eran sus ojos.

Alan cantó varias canciones pero con su ejecución de Nessum dorma ( Nadie duerma ) de la ópera Turandot, el Auditorio Nacional se le rindió en reverencias. Un momento congelado de belleza.

Después de tocar piezas clásicas llegaron las navideñas y entonces sí se armó el relajo. Los músicos y el coro se pusieron gorros de Santa Claus y todos cantamos la de Burrito sabanero y pedimos posada: Aaaaaaaquí no es mesóooon, siiiiiigan adelanteeee...

Qué divertido pedir posada con estos músicos clásicos, solemnes en su frac o su vestido formal, pero capaces de reírse de sí mismos y de decirnos que la música clásica no tiene por qué ser intimidante ni sosa ni aburrida.

Ser adolescente es ser punk

Cambiando de asunto, el viernes pasado se estrenó en el circuito alternativo de cine del DF la película Somos Mari Pepa, de Samuel Kishi.

Qué buena película. Cualquiera que haya intentado tener una banda de rock se sentirá como pez en el agua viéndola. Yo nunca tuve banda alguna (ya les digo, mi sensibilidad musical es como la de un limón) pero vi nacer y morir varios grupos de amigos que, sin saber ni cómo agarrar la guitarra, se soñaron rockeros.

Vi Somos Mari Pepa en el Festival de Morelia hace dos años y fue una de las películas que más me gustó.

Narra la historia de un grupo de amigos en un barrio de Guadalajara. Álex (Alejandro Gallardo) tiene su cuarto cubierto por recortes de revistas, pósters y todo tipo de tótems rockeros. En su pared conviven Jimi Hendrix y los Ramones. Vive con su abuelita. Es una relación silenciosa, como suele ser las relaciones entre los adolescentes y los adultos que los cuidan: monosílabos, hostilidad y silencio.

Álex y sus amigos tienen su bandita: los Mari Pepa. Y lo han logrado, han compuesto una canción. La canción es básicamente cantar a gritos una y otra vez I wanna cum in your face, Natasha! . Claro: esto es punk y el punk no muere mientras hayas quinceañeros que se junten en una cochera a escribir canciones sobre sexo e inconformidad.

Somos Mari Pepa es una reiteración del viejo mensaje: crecer es duro. Álex ve envenjecer a su abuelita, sus amigos de pronto ya no tienen tiempo para ensayar: uno se mete a trabajar, a otro lo jala su primo que parece un narquillo, otro se va a la universidad. La banda muere, como muere la infancia.

La cinta tiene momentos muy chistosos y otros más nostálgicos. Es un homenaje, dice el director, a su propia adolescencia, a su barrio y a os amigos que crecieron con él.

Kishi, el director, es un tipo valiente. Rechazó a las grandes cadenas de exhibición y prefirió que su cinta se exhibiera en el pequeño circuito alternativo que hay en la ciudad. Tiene razón: ¿de qué le hubiera servido estar en tres salas de las cuales la iban a sacar en cuanto llegara Star Wars? Espero que en las salas independientes Somos Mari Pepa encuentre a su público.

Bueno, ya he mencionado a Star Wars tres veces en esta columna. Me urge, me urge. Ya les platico el viernes qué me pareció.

Por lo pronto esta cochera se cierra por una semana. Nos leemos en la semana de año nuevo. Have yourself a merry little Christmas.