En Abades ( Alfabia, 2010) de Pierre Michon afloran las particularidades esenciales que han hecho a la literatura salir de los marasmos en los que la realidad histórica ha querido constreñir a la ficción. El fabuloso narrador francés fabula desde la imaginación y la palabra una memoria milenaria muy a su estilo, es un clásico de nuestro tiempo, escribe como alguien que nos habla desde un pasado remoto sin perder el poder de la brevedad presente.

Pocos autores logran transformar el mundo con tal brillo desde la palabra como lo hace Michon. Su prosa exquisita nos hace gozar conforme pasa cada palabra por la lengua y paladar hasta exhalar su espíritu en nuestros labios pero, además, Abades es un libro sobre la valentía, el honor y la gloria, categorías heroicas que hoy nos suenan tan lejanas como el principio de los tiempos.

El libro es inclasificable. Cuenta tres breves historias de abadías que transcurren alrededor del año 1,000, cuando surgieron las primeras hermandades de benedictinos. En primer lugar, el autor nos cuenta la rehabilitación de la isla de Saint-Michel y su monasterio en donde conocemos al peculiar abad Èble. Jugando a los epítetos clásicos, Michon llamara a su personaje Cabeza de Estopa: porque la estopa es muy rubia y voluminosa y arde de buenas a primeras.

Y en ese fuego es donde se concentra toda la propuesta ética de este hermoso libro: Èble, el abad, es hermano de Guillermo, un rey impetuoso. El abad: piensa en el amor que le tenía su hermano al hierro, cuando se lo domeña hasta tal punto que se adapta al cuerpo de un hombre como lo haría la lana, o cuando se le otorga su libertad de hierro, cuando se pasa a través del cuerpo de otro hombre y sale chorreante del otro lado. Este hierro es la gloria, como la seda de la mitra y el oro del báculo , leemos a mitad de la historia.

Los textos de Michon son una literatura que por medio del lenguaje reactualiza o revisita los temas y preocupaciones epigonales de nuestra cultura: el valor, el honor, la vileza, la cobardía, el odio, el temblor, la duda, el escozor, la animalidad. La traducción de Nicolás Valencia Campuzano es poderosa, concisa y transparente.

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