Pintar al fresco e investigar sobre gérmenes requiere de un espíritu implacable y de una técnica rigurosa. Lo mismo podría decirse de escribir una primera novela que sucede en un pasado lejano cuando en la actualidad todos los escritores noveles voltean al presente posmoderno o a un futuro en desgracia.

Mujer de pieles infinitas (Ediciones B) es la primera novela de Daniel Escoto (México DF, 1983). En ella, Escoto entrelaza la historia de dos pintores de frescos y de dos médicos pioneros en el estudio de los microorganismos cuyas historias son contadas por una mirada distanciada (casi divina) que sabe desde el principio qué será de cada uno de los personajes. El volumen incluye la breve novela y un conjunto de cuentos que también juegan con los datos históricos y científicos exactos al milímetro, mezclados con pinceladas de lo improbable.

Escoto es egresado de la Escuela Dinámica de Escritores (EDDE), el experimento de pedagogía literaria de Mario Bellatín. Es un escritor de la generación de los 80, la que está comenzando apenas su vida literaria.

Antes de comenzar la entrevista, Escoto cuenta su versión de la broma telefónica: He estado llamando a las librerías para preguntar si tienen Mujer de pieles infinitas. Cuando me dicen que sí, contesto: ‘¡Es que es mía!’ y cuelgo .

A pesar de lo compleja y rigurosa que es su primera novela, Escoto tiene una vena juguetona. De hecho, la inspiración para escribir Mujer de pieles infinitas viene de su infancia: De niño tenía libros pop up (libros con figuras móviles de cartón) que funcionaban con lengüetas y manivelas. Había uno que sólo conservaba las coyunturas y según accionaras las piezas, contaba una historia diferente.

En la novela cuento cuatro historias distintas que comparten piezas. Son dos médicos parisinos y dos artistas florentinos, cada uno tiene dos aprendices y una sobrina .

Escoto fue un niño precoz, leyó a Shakespeare antes que Los tres mosqueteros y disfrutaba del acto mecánico de la escritura. Desde niño fue un enamorado del pasado.

Decidiste ser un aventurero del pasado, lo cual es extraño en un escritor de tu generación, más interesados por lo inmediato...

Desde niño siempre me gustó leer la novela histórica. Desde muy chico me interesó la ópera y el teatro clásico. No sé, creo que encuentro más carnita en el pasado que en lo contemporáneo. Ya suficiente tenemos con vivir en lo contemporáneo para además escribir de él. Y creo que es falso que sólo en lo contemporáneo encontremos temas que nos importan.

¿El pasado te da vuelo literario?

Creo que por ahí va. La distancia con el pasado me permite escribir lo que quiero; esa distancia me da una perspectiva literaria.

En Mujer de pieles infinitas, tu novela corta, usas una mirada distanciada para contar la historia. Entiendo por lo que acabas de decir que es consciente esta distancia.

Se fue dando de manera automática. Quise tener este desapego con los personajes... El desapego tiene que ver con el sentido científico, artesanal de los protagonistas de la novela. Finalmente es la historia de alguien que observa microorganismos y de alguien que manufactura arte, nada que ver con el artista contemporáneo que depende de la inspiración... A mis personajes los contemplo desde la lontananza, esta distancia además tiene que ver con el juego de la novela que va de lo remoto y lo minúsculo... -Tras una pausa, agrega- Todo esto apenas lo voy haciendo consciente mientras lo hablo (risas) .

Eres joven, ¿cómo fue el proceso de publicar y en una gran casa comercial como Ediciones B? Se dice que el mercado actual no está para publicar a escritores nuevos.

Me tardé cuatro años en publicar. Fue un peregrinar entre editoriales independientes. Todas me decían que no podían arriesgarse con un autor tan joven. Hasta hace poco fue que me encontré con la gente de Ediciones B y con ellos fue casi inmediato.

Se dice que un escritor, como un corredor, debe saber cuál es su aliento: si es de fondo o de velocidad, si se es cuentista o novelista. ¿Has descubierto ya tu aliento?

No lo he descubierto. Creo que tengo varios alientos. Comienzo a darme a conocer como narrador, pero también he hecho mucho guión radiofónico y también textos de historia del arte. Creo que la historia del arte tiene su propio cuerpo literario. No sé si haya un aliento específico para el que haya nacido.

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