Las recientes inundaciones en China, India, Alemania y Bélgica acompañadas de los incendios en Estados Unidos y temperaturas de 48 grados en Siberia dieron un marco de referencia y sentido de urgencia a la reunión de ministros de Energía y Medio Ambiente del G20 en Nápoles. Se trata de hechos graves y en cierto sentido, inéditos, pero no fueron suficientes para conseguir romper la inercia: la cumbre de Italia terminó sin acuerdos concretos.

El documento final de siete páginas está lleno de referencias a la impostergable necesidad de tomar medidas para frenar el calentamiento global, aunque carece de compromisos para conseguirlo. El objetivo es encontrar la forma de conciliar el combate al cambio climático y el desarrollo económico sostenible. Se trata de evitar que las temperaturas globales aumenten más de 2 grados Celsius antes de que termine el siglo XXI. Lo deseable es conseguir que el incremento no supere los 1.5 grados, pero los científicos advierten que no se están tomando las medidas para alcanzar ninguno de los dos objetivos.

En las conversaciones de Nápoles un grupo de países expresó su intención de ir más allá de los compromisos asumidos en París hace cinco años, confirmó el ministro de Transición Ecológica de Italia, Roberto Cingolani. Son Estados Unidos, Canadá, Japón y los miembros de la Unión Europea. Este grupo ve en el mundo postcovid una oportunidad de acelerar los cambios necesarios. Otros países expresaron la dificultad de hacer compromisos para reducir más las emisiones de carbón y acelerar la transición energética, desde los combustibles fósiles hacia las energías limpias. En esta posición destacan China, Arabia Saudita, India, Rusia, Australia y Brasil. Esta tensión o diferencia de enfoque explica porque las conclusiones de la reunión de Nápoles no incluyen compromisos concretos. Siembra dudas sobre lo que se podrá lograr en la COP 26 en Glasgow. Esta reunión que será en noviembre es la cumbre sobre medio ambiente más importante desde la celebrada en París en 2015.

Italia es presidente temporal del G20 y en esa condición fue el anfitrión de esta Cumbre. La mayoría de los titulares de Medio Ambiente y Energía de los países más importantes del mundo se dieron cita en el Palacio Real de Nápoles para discutir y asumir compromisos ante un modelo de transición energética. Para resolver estos desafíos, es fundamental la cooperación multilateral, en la medida en que los problemas y las soluciones trascienden las fronteras nacionales. La delegación mexicana estuvo encabezada por Martha Delgado Peralta, subsecretaria de Relaciones Exteriores. En entrevista con la agencia EFE, la funcionaria mexicana dijo que México estará en condiciones de incrementar su esfuerzo medioambiental en cuanto pase la emergencia económica del Covid-19. En su cuenta de Twitter, Delgado se refirió a un encuentro bilateral con los miembros de la delegación estadounidense, que encabeza John Kerry, exsecretario de Estado y máximo funcionario de la administración Biden en la agenda de Cambio Climático.

Fueron dos días en los que los miembros del G20 discutieron los grandes temas de la agenda medioambiental. Estos países generan 80% del PIB mundial y 85% de la emisión de contaminantes, además son hogar de 60% de la población mundial. El jueves 22 de julio estuvo dedicado a biodiversidad y el viernes 23, enfocado a energía. La página del ministerio de Transición Ecológica de Italia describe las mesas de trabajo: biodiversidad y pobreza; protección y restauración de suelos degradados; manejo sostenible del agua; reforzamiento de la protección del mar; el papel de los gobiernos centrales en el desarrollo de ciudades con uso circular de recursos; finanzas verdes y formación de recursos humanos.

La falta de acuerdos tiene mucho que ver con los diferentes modelos de desarrollo económico. Se mantuvo una tensión que ha estado en otras reuniones del medio ambiente. Los países desarrollados exigen más esfuerzo a los emergentes. Los países en desarrollo solicitan ayuda y/o comprensión para acometer los esfuerzos necesarios. En 2009, los países más ricos comprometieron recursos por 100 mil millones de dólares para apoyar a los países con menos recursos, que están lidiando con la transición energética, pero también con problemas relacionados con el incremento del nivel de los mares, inundaciones y sequías. Hasta ahora los recursos no han llegado a muchos países y la meta de los 100 mil millones está lejos de cumplirse. Por eso, el tema sigue vivo, aunque no se mencione en el documento final de las conclusiones. Tan vivo está que el ministro de Medio Ambiente de Argentina, Juan Cababie hizo en Nápoles la propuesta para crear un mecanismo en el que los esfuerzos en mitigación del cambio climático se tomen en cuenta para reducir la deuda externa de los países, a través de un mecanismo de Swaps.

La reunión mostró las diferencias entre Estados Unidos, Canadá, Japón y Europa, que buscan incrementar el esfuerzo para la mitigación del cambio climático y otros que piden prudencia, como Brasil, Rusia, China, India y Arabia Saudita.