Con un presupuesto preliminar de 1% de la inversión del Tren Maya, la Secretaría de Cultura se sumará al proyecto con la participación de 10 de sus direcciones y cinco centros INAH, según dieron a conocer la secretaria Alejandra Frausto y el director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Diego Prieto.

Al menos 1,500 millones de pesos se destinarán para salvamento arqueológico y puesta en valor de las antiguas ciudades del área maya, así como la promoción y mejora de las zonas arqueológicas ya abiertas al público, incluidos el programa de promoción de Museos Comunitarios y los Vagones Culturales en los que durante el trayecto se presentará información a los turistas sobre los sitios patrimoniales que se ubican a lo largo de la nueva ruta.

Estudios previos hechos por el INAH arrojaron un total de 1,709 sitios arqueológicos en los estados de Campeche con 481, Chiapas y Quintana Roo con 142, Tabasco con 295 y Yucatán con 649.

Sin embargo, de encontrar una estructura o vestigios mayores en la realización de la obra se modificará el trazo existente, aseguró el director del Fonatur, Rogelio Jiménez Pons, responsable de la ejecución de la obra.

“De encontrar una estructura mayor, obviamente el Tren Maya tendría que modificar el trayecto; suponemos, por los antecedentes, que no será necesario; pero de ser el caso de un hallazgo importante el tren tendrá que hacer una modificación a su trazo y salvar ese espacio”, explicó Jiménez Pons.

Se necesita tecnología Lidar

Para encontrar y rescatar posibles zonas en donde exista patrimonio arqueológico o paleontológico, la Secretaría de Cultura, a través del INAH, y el Fonatur suscribieron un convenio de colaboración a fin de sumar recursos y capacidades.

El acuerdo tiene por objeto llevar a cabo un trabajo de prospección arqueológica con el método Lidar, que consiste en un recorrido aéreo, en el que por medio de pulsaciones láser genera un filtrado que llega hasta la superficie del terreno y arroja un modelo de elevación de estructuras y hace una topografía del área, tecnología con la que los investigadores del INAH están familiarizados desde hace más de una década.

A pesar de ello el director del instituto, Diego Prieto, dijo desconocer a cuánto ascenderá el monto de contratación de este avión, pues el INAH no cuenta con esta tecnología.

“En el INAH ya se ocupa pero no tenemos aviones, tuvimos alguna vez una avioneta que desechamos porque estuvimos a punto de sufrir accidentes graves, pero necesitamos tener las cámaras, tenemos por ejemplo georradares, radares de penetración, estaciones totales; pero esta tecnología lo que hacemos es contratarla”, refirió.

Por su parte, Pedro Francisco Sánchez Nava, coordinador nacional de Arqueología del INAH, refirió que con esta colaboración el instituto no pretende ser un obstáculo sino trabajar con la obra de manera coordinada, como se tiene acostumbrado, “no se trata de ser una piedra en el zapato”, expresó.

El personal del INAH en estos cinco estados es de 600 trabajadores entre funcionarios, investigadores, administrativos, custodios, técnicos y profesionales cuyos honorarios se incluyen en el gasto corriente del instituto, “ya se irán involucrando más compañeros en función de las necesidades, la parte arqueológica, la va a estar supervisando de manera muy cercana el Consejo de Arqueología, que es el máximo órgano colegiado que tiene el instituto, y que hará la dictaminación, análisis y salvamento”, comentó Diego Prieto.

Explicó que “no es algo nuevo que el instituto acompañe obras de infraestructura, lo hemos hecho siempre y lo seguiremos haciendo. Evidentemente siempre aparecerán objetos de diferente índole, son miles de años los que ha ocupado el ser humano en estos territorios”.

Dijo que como lo dicta la Ley de Sitios y Monumentos los inversionistas de la obra están comprometidos a sufragar los gastos que implique el salvamento y cuidado de los elementos históricos que se puedan encontrar, por lo que el equipo Lidar que se necesitará para el escaneo de la ruta ya está contemplado dentro de las licitaciones de la obra.

Se abrirán nuevos sitios

Hasta el momento se tiene registro de que hay 26 zonas abiertas al público, 20 zonas con grado de visita y 24 cenotes con evidencia arqueológica.

Algunas de las zonas relevantes que se espera serán impactadas por el turismo serán Calakmul, que se encuentra a 60 kilómetros de distancia del trazo, Becán, Edzná, en el estado de Campeche; Palenque, en Chiapas; en Quintana Roo, Cobá, Tulum e Ichkabal, mientras que en Tabasco serán Pomoná y Moral Reforma y en Yucatán, Aké, Chichén Itzá e Izamal.

El director del INAH dijo que se tendrá que disponer de los recursos de la propia obra que se prospecta con un valor de 150,000 millones de pesos para cubrir la parte de salvamento así como del mejoramiento de las zonas.

Destacó que Cobá es una zona que podría tener mejor gestión y manejo, y que lo mismo sucederá con al menos cinco nuevos sitios que serán abiertos al público; arqueólogos que trabajan en la región refirieron a El Economista que podrían ser Ichkabal, en Quintana Roo; Kulubá, en Yucatán; Plan de Ayutla, en Chiapas, y Nadzca’an, en Campeche.

“Hay un interés particular por abrir Ichkabal, en Quintana Roo, tenemos que hacernos cargo de criterios particulares para que estén abiertas al público como una unidad de atención, tenemos que tener servicios sanitarios, un centro de interpretación y control de la extensión territorial”, enumeró el antropólogo como las principales necesidades.

Además, dijo que ya se encuentran en reuniones con los ejidatarios de Cobá y que la próxima semana se reunirá con los directores de los centros INAH que estarán implicados en el proyecto y será entonces cuando se haga la planeación del acercamiento a las comunidades.

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