En lo que va del 2020, el Programa Nacional Cultura Comunitaria, a cargo de la Dirección General de Vinculación Cultural de la Secretaría de Cultura federal (SC), ha ido incorporando una serie de modificaciones en su estrategia y ejes de acción, derivadas de la experiencia del primer año de trabajo. Muchas de estas coinciden con las recomendaciones publicadas la semana pasada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), a partir de los resultados de la evaluación de debilidades y amenazas de este programa prioritario de la administración federal.

El programa Cultura Comunitaria fue anunciado en febrero de 2019 como eje de la política cultural y arrancó con 400 millones de pesos con la meta de llegar a 720 municipios del país, de los cuales se alcanzaron 535 ese año. Se plantearon entonces cuatro ejes de trabajo: Misiones por la Diversidad Cultural, Territorios de Paz, Semilleros Creativos, y Comunidades Creativas y Transformación Social. Sin embargo, el Coneval evaluó el programa y señaló deficiencias y emitió recomendaciones, tanto en lo referenete a la administración y distribución de recursos, como en la operatividad y la coordinación entre los ejes del programa y entre las entidades de cultura estatales con la instancia federal.

En entrevista con este diario, a propósito de esa evaluación, la directora general de Vinculación Cultural, Esther Hernández Torres, enunció algunas de las correcciones que fueron aplicadas en Cultura Comunitaria incluso antes de recibir la evaluación y recomendaciones finales del Coneval.

Una de las debilidades advertidas con anticipación y su corrección fue la desarticulación operativa con los estados y municipios, y la poca transversalidad entre los ejes del programa, dadas las múltiples acciones que se llevaban a cabo en las entidades, a cargo de equipos distintos y rara vez vinculados entre sí.

Otra fue la necesidad de designar directores o coordinadores estatales para apoyar los procesos administrativos y de vinculación entre las oficinas centrales y autoridades estatales, como lo señaló Coneval. “Detectamos la necesidad de sacar o de tener una cabeza a nivel estatal que articulara todas las acciones. Por eso, a principios de año, se lanzó la convocatoria, porque es algo que habíamos considerado como necesario”, refirió la funcionaria.

“Otro de los temas es que este año no estamos trabajando por ejes de programas, que fue algo que el año pasado nos complicó la operación. El haber implementado equipos por eje de programa implicó que cada uno se fuera derecho y no tuviera relación con los otros por una cuestión de operación. Nos pusimos unas metas bastante ambiciosas, que se cumplieron en temas como el territorial y la cantidad de acciones, pero eso provocó la falta de diálogo”.

Con respecto a los cuellos de botella señalados por Coneval sobre la temporalidad de los pagos a proveedores y prestadores de servicios de creadores y demás agentes culturales, Hernández Torres expuso: “para nosotros es muy triste que no fluyan los pagos como debían de fluir. Por un lado no podemos saltarnos la normativa administrativa. Las empresas no estaban acostumbradas a este volumen de actividades. En sexenios anteriores se licitaba una empresa que se encargaba de un gran evento al año. Y aquí estamos hablando de que a la par había (hasta antes de la emergencia sanitaria) un evento cada fin de semana en por lo menos 20 entidades federativas. La capacidad de estas empresas desde luego se vio sobrepasada. Es cierto que se tienen que actualizar las medidas administrativas para todo el gobierno. Desde luego (los pagos a destiempo) son una deuda que nos duele, una importante. El planteamiento es que nunca más haya una persona con retraso en sus pagos. Sí, hay que cumplir la normativa, las leyes, pero tener procedimientos mucho más ágiles, y en esto se está trabajando para toda la secretaría”.

Hernández Torres aclaró que el sistema de registro de agentes culturales Telar, del que Coneval dijo: “en su primer año de operación no ha demostrado ser esencialmente útil para la elección de agentes culturales”, la funcionaria explicó que este primer año se ha trabajado en el afinamiento de los términos que permitan al registro ser inclusivo con la autoadscripción de cada agente cultural, mismos que asimilan su capacidad creativa de manera distinta según su entorno. Explicó que adaptar el registro al universo heterogéneo de los creadores del país ha requerido de un trabajo de mediación. Sin embargo, agregó, se ha ido flexibilizando y enriqueciendo a partir de la experiencia de campo, con el objetivo de tener un padrón de los agentes culturales cada vez más funcional

Respecto del ejercicio presupuestal del programa para este año, que fue originalmente dotado de 600 millones de pesos, pero afectado por el decreto presidencial de austeridad, la dependencia federal aclara “El recurso que está disponible es mucho más de 200 millones de pesos. (Ya que la reserva) no es a rajatabla del 75% porque recordemos que es solamente en gastos de operación. Lo sustantivo no se vulneró. Lo que se ha ahorrado es lo que tiene que ver con las actividades que no se están realizando por disposición sanitaria. Hay que enfatizar que el 75% es sobre gastos de operación y lo sustantivo en la Secretaría de Cultura no se ha vulnerado”.

Se aseguró también que al mes de mayo de 2020 se han ejercido “poco más de 110 millones de pesos” y que se está aplicando el programa, a distancia, en 314 municipios de todo el país.

Viraje al programa

Cultura Comunitaria modificó los ejes de trabajo originales que no permitían transversalidad de equipos e instituciones y concentrará sus esfuerzos en tres procesos prioritarios:

Acciones de participación cultural comunitaria Diagnósticos participativos, asambleas para decidir en conjunto qué acciones se tomarán en cada comunidad de acuerdo a las fortalezas y necesidades particulares.

Formación y fortalecimiento de capacidades locales El programa no tiene la visión de llevar cultura a las localidades, sino que se concentra en fortalecer la riqueza cultural inherente y las capacidades de gestión y didácticas de los agentes culturales locales para una mejor transmisión de los saberes.

Propiciar la interacción en el espacio público Omitir la imposición de una lógica vertical del Estado para la implementación de programas y propiciar la participación de los agentes culturales y las comunidades para identificación de sus necesidades en la reapropiación de sus territorios.

[email protected]