Seguramente el porcentaje mayoritario de los que visitan el Museo Nacional de las Culturas (MNC) son familias y niños que caminan por este oasis en medio de la zona comercial del Centro Histórico.

Es un museo que invita a la ensoñación. Me recuerdo a mí misma de niña recorriéndolo para alguna tarea e imaginando que me iba a China o a una isla del Pacífico. La edad de Internet no suplanta sus dioramas, mapas y textos museográficos, siempre interesantes.

Aunque en los últimos tiempos ha pasado por renovaciones, el MNC no ha perdido su aura de casa viaje, de baúl de abuela. A ver, cuéntame bonito la historia.

Este año, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) cumple 72 años y el MNC, 52. Son generaciones de contarle a México su propia historia y la historia del mundo. México, país que suele estar mirándose el ombligo (después de todo somos el ombligo de la luna , ¿no?), tiene ese rincón que es el quehacer del INAH para salir como quien sale de la proverbial caverna platónica.

Me desvío. Para celebrar ambos aniversarios, el MNC pone en escena 78+52=130 razones para celebrar la diversidad cultural.

Regalo para el público

Así, con ese título kilométrico, la exposición es uno de los ejercicios museográficos más originales y entrañables que se pueden ver en un museo. De las bodegas del recinto, sus archivos y stock, sacó cada empleado de MNC una pieza, su pieza favorita, para ser expuesta en el recorrido. Los guardias de seguridad escogieron las suyas, los encargados de intendencia, otra, y así cada miembro de cada departamento de la institución fue eligiendo la suya.

Todos participaron porque, finalmente, este es su museo. ?La selección de las 130 piezas históricas es como la que uno hallaría en la casa de Indiana Jones: cabezas reducidas, animales disecados, un galeón del siglo XVI, ajuares de boda de Japón y de Yemen. Un museo, una puerta al universo entero. Cada pieza va acompañada de un pequeño texto en el que cada ?trabajador explica qué significa para él o ella esa pieza y por qué la eligió.

La exposición es mejor siendo vista que narrada. La diversidad cultural que nos trae es única. Aunque el festejo es del museo, la fiesta es de quien recorre los pasillos y salas. Si hace mucho que no visita el MNC, vaya, aunque no tenga hijos que vayan a hacer la tarea.

Imagínese en Alaska ante la magnificencia de un oso polar. Tenga en mente miles de historias.

Y, otra vez, deje que se las cuenten bonito.

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