El sábado me llevaron -ando en silla de ruedas por una cirugía reciente- al Centro Cultura Bella Época, en donde se celebra la II Feria del Libro Independiente.

A las seis de la tarde presentaba el cuentario Cierro los ojos y te miro, de la escritora chetumalense Elvira Aguilar, pero decidí llegar hora y media antes porque dicho sitio es uno de los pocos en México que están acondicionados -con rampas, elevadores y sanitarios- para que personas en mi estado se puedan desplazar sin problemas, para tomarme un café y ver con calma lo que ofrece la Librería Rosario Castellanos.

A la cinco inició la presentación de Trova suriana, de la editorial La Cartonera, sello de Cuernavaca, Morelos, que se distingue por hacer libros artesanales que combinan obras literarias con el trabajo de artistas plásticos en una apuesta afortunada y distinta a las demás casas editoras del país.

Cerca de las seis me encontré al escritor Víctor Cabrera y, mientras nos poníamos al tanto de nuestros andares -en mi caso, desandares-, sonó la alarma sísmica del centro que, al principio, pocos sabían de qué se trataba hasta que los policías del Fondo de Cultura Económica (FCE) nos invitaron a salir a la calle.

Como buen chilango, en la huida perdí, incluso, mi silla de ruedas y, cuando saltaba de a cojito por la acera, Mónica, mi esposa, apareció con mi asiento rodante.

La policía nos pidió que nos alejáramos un poco más del centro cultural y, en el río vehicular, la charla se tornó en relación de que si tembló o estaba por temblar. Como nadie lo sabía, me permití el comentario:

Ahora viene lo peor -afirmé de manera categórica-: hay que subirnos a la azotea de algún edificio, pues se debe de estar gestando un tsunami en los lagos de Chapultepec .

Pero, al ver la cara de Elvira, recién llegada de Chetumal, preferí callar. Nos contó entonces que en Quintana Roo eran comunes las alarmas por huracán, pero que la alarma sísmica era nueva para ella. Le comentamos que tal experiencia también era nueva para nosotros, pero que no se preocupara, que la época de terremotos iniciaba en septiembre.

La hipótesis, dicha como una verdad científica, no la convenció, pero en ese momento los policías del FCE nos permitieron reingresar a la Rosario Castellanos.

Ya en la presentación de Cierro los ojos y te miro, alabé las cualidades narrativas de Elvira y ella leyó un cuento.

Después la entrevisté y nos fue envolviendo con la magia que le ha tocado vivir tanto en Chetumal como en el seno de su familia. Comentó que su ciudad es cosmopolita, permisiva y de mujeres valientes, dada la gran cantidad de extranjeros que han emigrado a Quintana Roo, sin olvidar de que se trata de un estado fronterizo.

Aunque lo más interesante fue cuando habló de su padre, de profesión odontólogo, quien, junto con su esposa -la madre de Elvira-, de una día para otro cambió su catolicismo apostólico y romano por otra religión cristiana que prohíbe la veneración de santos, de manera que su familia fundió sus medallas, otrora sagradas, para que el oro sirviera -esto es especulación mía- para hacer dientes, muelas y amalgamas; También relató cómo su padre, en el ocaso de su vida, se volvió un sanador harto reconocido en Estados Unidos, lugar al que lo llevaban a menudo a curar enfermos con la energía de sus manos.

Al final el público quedó encantado con la autora de Ficticia Editorial.

La II Feria del Libro Independiente, organizada por la Alianza de Editoriales Mexicanas Independientes, con el apoyo del FCE, estará abierta hasta el próximo domingo con presentaciones, firmas y venta de libros de 63 sellos, mesas redondas y lecturas diversas. La cita es en Tamaulipas 202, Hipódromo Condesa, ciudad de México.