De aquella histórica mañana de octubre (era jueves) puede leerse un apunte de apretada caligrafía, porque así de puntilloso era el Almirante, describiendo su momento más glorioso:

“Esta tierra la vio primero un marinero que se decía Rodrigo de Triana, puesto que yo a las diez de la noche, estando en el castillo de popa, vi lumbre; aunque fue cosa tan cerrada que no quise afirmar que fuese tierra, pero llamé a Pero Gutiérrez repostero de estrados del Rey y le dije que parecía lumbre, que mirase él, y así lo hizo, y la vio. (...) A las dos horas después de media noche apareció la tierra que estaría a dos leguas. Muy pronto llegaron a la orilla. Cristóbal Colon descendió a tierra, dio gracias a Dios y tomó posesión de la isla en nombre de los Reyes Católicos.

De Colón se ha dicho de todo. Que era una especie der genio cartógrafo y que conocía perfectamente la extensión  de la mar océano y el tamaño de la tierra pero otros dicen, y con toda la razón,  que desde los antiguos griegos –Eratóstenes, por más señas-  se conocía la medida de la circunferencia de la Tierra. Al parecer, la hipótesis de Colón sobre la posibilidad de su viaje se basaba en cálculos erróneos sobre el tamaño de la esfera, pues suponía que era más pequeña y delgada  de lo que realmente es.

Otros  sostienen que Colón había oído datos, por habladurías de marinos, sobre la existencia de tierras mucho más cercanas a Europa de lo que se suponía científicamente estaba el lugar donde estaba Asia y que emprendió la tarea de encontrarla para comerciar sin depender de Génova ni de Portugal. Pero hay otra teoría más divertida , la conocida como la de Teoría del Prenauta, que sugiere que durante el tiempo que Colón pasó en las islas portuguesas del Atlántico, se hizo cargo de un marino portugués (o castellano) moribundo cuya carabela había sido arrastrada desde el golfo de Guinea hasta el Caribe por las corrientes y que le había contado todo lo que debía saberse. Para algunos investigadores podría tratarse de un tal Alonso Sánchez de Huelva, pero  otras fuentes juran que podría ser portugués o vizcaíno, de todos modos alguien que incluso podría merecer los mismos honores –monumentos incluidos y quizá no retirados como el nuestro- que el muy vilipendiado Cristóbal Colón.  Esta teoría sugiere que el romántico marinero  fue un náufrago que le confió a Colón el secreto de las tierras misteriosas que se le iban a aparecer. Según algunos estudiosos, la prueba más contundente a favor de esta teoría  son las muy  religiosas Capitulaciones de Santa Fe, ya que hablan de “las tierras descubiertas”  antes de que lo supiera nadie.

No fue sino hasta la publicación del famoso mapa de un sí muy ilustre cartógrafo  Martín Waldseemüller, en 1507, cuando el territorio americano fue conocido como "Indias Occidentales" y comenzó a afirmarse que efectivamente Colón  había descubierto (hallado, encontrado, inventado) un nuevo continente para la civilización europea y la Historia del mundo.  Comenzaron también los insultos, los malfarios  y las susceptibilidades pero fue reconocido como el primer hombre en trazar una ruta de ida y vuelta aprovechando las corrientes marinas del Atlántico. (Ruta que, por cierto, todavía se utiliza).

La verdad es que Colón realizó cuatro viajes a tierras americanas. Su primera expedición partió el 3 de agosto de 1492 desde el puerto de Palos de la Frontera (Huelva), llegando a Guanahani (hoy en las Islas Bahamas) el 12 de octubre de dicho año. El segundo viaje partió de Cádiz el 25 de septiembre de 1493, salió de Hierro el 13 de octubre y llegó a la isla Guadalupe el 4 de noviembre, explorando Puerto Rico y Jamaica. Regresó a Cádiz el 11 de junio de 1496.

En el tercer viaje, Colón zarpó el 30 de mayo de 1498, desde Sanlúcar de Barrameda, haciendo escala en Cabo Verde y llegó el 31 de julio a la isla Trinidad. Exploró toda la costa de Venezuela. En el cuarto y último viaje, salió de Cádiz el 11 de mayo de 1502 y llegó a Santo Domingo el 29 de junio. El 17 de julio desembarca en la actual Honduras y volvió el 11 de septiembre desde Santo Domingo, llegando el 7 de noviembre a Sanlúcar de Barrameda.

Evidentemente esta verdadera Odisea, impulsó decisivamente la expansión mundial de Europa y el mundo dejó der ser ancho y ajeno. Vendría la colonización por varias potencias europeas en el nuevo y gran continente americano y la conquista de sus pobladores . No tardarían  portugueses, ingleses, holandeses y franceses en hacer lo propio y buscar tierras para sus reinos, su religión y su ambición desmedida.

De este notable hecho sólo puede decirse que los hallazgos pueden soñarse pero no pueden planificarse, que la vida es corta y la mala fama larga y los errores de cálculo son los umbrales de todo descubrimiento.