“Entre la pandemia, el gobierno, Netflix y el fin del mundo estamos viviendo en este momento un cambio completamente diferente de cómo vivíamos la cultura y los espectáculos. En el deporte me imagino que también. Ya no vas al estadio, ya no estás yendo a un concierto. Por otro lado, el asunto de los fideicomisos es el fin de una cultura mexicana que se había apoyado mucho en el gobierno desde siempre. Y se suma el tema de la falta de dinero y toda la confusión que hay de adónde va a ir el dinero para los creadores ahora”, dijo la productora musical y locutora, Lynn Fainchtein, para abrir boca en la mesa “Cultura y espectáculo en el fin del mundo”.

La mesa “Cultura y espectáculo en el fin del mundo”, forma parte del Ciclo Todos los Futuros Posibles, de la cual también tomaron parte la periodista deportiva Marion Reimers y el escritor Jorge Volpi, moderados por el periodista Javier Risco, en el marco virtual de la 40 edición de la Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO), misma que dio inicio este fin de semana.

“El deporte forma parte de nuestra cultura, de nuestra identidad”, añadió, acto seguido, la periodista Marion Reimers. “El futbol y el deporte en general de lo que se precian es de generar comunidad y ahora es momento de devolverle a esas comunidades que tanto enaltecen. Tenemos mucho que analizar porque creo que cada vez más nos acercamos al deporte digital, que vemos a través de una pantalla”, señaló.

Por su parte, Jorge Volpi coincidió en la afectación especial para las actividades culturales y deportivas, dado que fueron las primeras en cancelar lo presencial y serán las últimas en retomarla: “en cómo transformar la cultura al mundo digital ha habido una enorme prisa y urgencia. Eso ha generado una gran cantidad de consecuencias, algunas positivas y otras negativas. No estábamos preparados para ello ni para que el sistema remunerara correctamente a quienes hacen el trabajo cultural en línea”.

Dijo que actualmente la UNAM, donde es coordinador de Difusión Cultural, trabaja en una encuesta sobre los públicos en la cultura para conocer la magnitud de la afectación y “al mismo tiempo vemos que en las instituciones públicas, sobre todo federales, el impacto ha sido tan grande que las acciones para revertirlo han sido todavía pequeñas porque no se considera a la cultura como un bien esencial”.

De miedos y oportunidades

Un temor para Fainchtein es que “en la música va a ser bien difícil saber cuándo te vas a volver a sentar en un concierto”. Agregó que si debe haber una luz al final del camino, esta tendrá que surgir de la autodeterminación para buscar por iniciativa propia fuentes de cultura que no sean las propuestas de las grandes empresas de contenidos culturales que, a su decir, han sido los grandes capitalizadores en la pandemia, como es el caso de las plataformas de servicios streaming. “La luz la veo en la búsqueda personal”, razonó, moción que fue apoyada por Reimers y Volpi desde su trinchera.

Para Reimers “en momentos como estos, el deporte es un vehículo de cohesión social. Puede ser un vehículo muy lindo si lo aprovechamos adecuadamente, puede ser un marco referencial para mujeres y niñas, para entender la importancia de su autonomía corporal, de la sublevación propia a través del trabajo del cuerpo, no únicamente el hecho de que nuestro cuerpo sea para fines reproductivos o para satisfacer miradas masculinas”.

Toda época de crisis da lugar al miedo tanto como a la reconfiguración de las oportunidades, coincidió Volpi. Además del miedo a no ver en el gobierno una respuesta adecuada a la magnitud de la crisis, otro de los miedos que prevalecen en los artistas y trabajadores de la cultura, mencionó, “es que no haya un regreso, a que la transformación digital tampoco esté preparada para que realmente puedan sobrevivir con lo que están ganando a través de sus acciones en línea”.

Reimers dijo, finalmente: “este mundo distópico nos hace pensar que nosotros no tenemos poder y que somos simplemente un granito de arena en el mar, pero somos mucho más que eso, somos comunidad y eso también nos lo ha enseñado la pandemia”.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx