No me llames jamás ni por error. He llegado a pensar que burlarte de mí te produce placer. Vuelve a tu soledad. Con todos menos conmigo.

Leonardo podría decirle eso a Elena. Leonardo, tan buen chavo, podría decirle que se vaya a la goma, que vaya a ver cómo es por dentro el drenaje del retrete; que por fin deje de jugar a la sirena feliz y lo deje en paz. Él, un pez más en el mar, no un tiburón. Es paloma por querer ser gavilán.

Por ella. Elena juega con él y los otros niños-hombres, se los come con tomate, más que comérselos se los bebe y los vomita. Ay qué simpático.

De Elena nada se sabe. Se le ve, en brasiere y tanga, caminando por su depa con las cortinas descorridas. El ventilador, desgarrándola: se que les excita pensar hasta dónde llegará.

Una entra a su casa, a la casa de Elena y Eliza. Eliza es la madura, dicen, pero es capaz de cosas terribles: oops, lo hice de nuevo, dice su carita de maestra de kínder.

Uno piensa que entra a una casa normal, pero todo huele a sudor, a desnudez. Pero no al sudor rancio del día transcurrido, sino al fresco aroma de animal joven sin educar. Huele a sexo sin oler a sexo: huele a deseo.

Retozan las dos, Eliza y Elena. Cuando llegas una te toma de la mano y te acaricia. Te ves bonita, tía , te dice cuando te acompaña a la sala. No lleva blusa, Eliza, no lleva falda, Elena. Te sientas y no sabes a qué viniste. Están en cueros, son unas coscolinas como su madre. Desnudas y les vale que las miremos su tío y yo, su padre, sus amigos Miguel y María y un montón de chamacos que desde lejos se les ve lo jariosos. ¿Es fiesta o qué? A su casa, hijos de la chingada.

Pero nadie se va. Todos estamos, los 11, sentados en esta sala, como amarrados dentro de uno de esos juegos de feria que giran a velocidad. Estamos aquí para observar el desguace de una relación filial.

Comienza la función.

Las hermanas terribles discuten. Luego se abrazan. Deja que tu cuerpo se acostumbre a mi calor, Elena, le dice Eliza. Te conozco desde el pelo hasta la punta de los pies. Sé que roncas por las noches y que duermes de revés. ¿Él, Leonardo, te conoce la mitad? ¿Tiene la sensibilidad de encontrar el punto exacto donde explotas al amar?

Yo sí lo conozco, Elena, dice Eliza, mientras se viste. Elena la mira: es una actriz y ya se sabe que las actrices están mal de la cabeza, pero que necesitan a alguien que les diga qué hacer, cómo moverse. Alguien con la personalidad adecuada puede convencer a una actriz de hacer cualquier cosa. No es que sea pendeja Elena, es que necesita amor como una bola rápida necesita control.

Piensas en esos muchachos, Daniel, Leonardo, Jesús, y quién sabe cuántos otros. ¿Con todos menos conmigo? No, el problema es que las hermanas terribles, pólvora les dicen y con mucha razón, se van con unos y con otros.

Contigo y con ellos, Leonardo, y tú que te prestas a sus escenas loquísimas. Di que soy tu puta, oblígame, hazme daño, viólame. Me violaste, Leonardo, te odio y no quiero volverte a ver. No puedo respirar no puedo respirar no puedo...

Este juego perverso de Elena y Eliza, ¿de dónde viene? ¿Del tío, la tía, el padre ausente, la madre puta? ¿Quién sabe qué guarda cada quien dentro del cofre transparente de la psique? ¿En qué momento una mujer fabrica a su otra ideal y le pone la cara de su hermana?

Para Eliza es una obra de teatro que ocurre dentro de un departamento y se exhibe delante de un público de 11 espectadores. Al entrar, cada espectador recibe un personaje, se convierte en una sombra dentro de las mentes y las emociones de Eliza y su hermana Elena.

Dos actrices, Paula Vrelly y Laura Camés, se desenvuelven en un escenario conformado por un tapete, un baúl y un espejo. Todo en un universo doméstico íntimo, tan cálido como claustrofóbico, como son las relaciones familiares.

De sensibilidad puramente juvenil, pero no por eso ñoña, sino erótica y violenta (como las canciones pop, que en sus letras bobaliconas esconden un apetito incontenible, una necesidad de posesión y de identidad), Para Eliza es obra del dramaturgo y director Xavier Villanova.

La obra puede ponerse en cualquier casa o departamento. La sede se avisa dos días antes de la función a 11 invitados. Como una cena secreta, pero lo que se va a degustar es teatro.

Si quieren ver Para Eliza, manden un correo a [email protected]