1. En 1861, después del triunfo liberal de la Guerra de Reforma, Benito Juárez reinstaló su gobierno en la capital de la República. La conflagración había sido desgastante, cobrado muchas vidas, dividido a las familias, torcido varios destinos y lastimado intereses de ambos bandos. Sin embargo, ya existía una suerte de definición dentro de la sociedad mexicana. O estabas por la Reforma o contra ella. Atrás había quedado el antiguo estilo del encono. Ya nadie volvería a leer ni las sátiras del El gallo pitagórico ni editoriales como las que Lucas Alamán publicaba en el El Universal asumiendo su indiscutida postura: Nosotros -había escrito atacando a los liberales- nos llamamos conservadores ¿sabéis por qué? Porque queremos conservar la vida que queda a esta sociedad que ustedes han herido de muerte . Y es que, en aquellos momentos, un año antes de la Batalla de Puebla, parecían no existir enemigos encubiertos. Que todo estaba bien. Y entonces, una tropa de casi 7,000 franceses desembarcó en el puerto de Veracruz sin encontrar resistencia alguna.

2. En vísperas de la Batalla de Puebla, El general Charles Ferninad Latrille, conde de Lorencez, comandante de las tropas francesas, seguro de que iba a derrotar fácilmente al Ejército Mexicano y dominar al país, escribió al ministro de Guerra de Francia: Tenemos sobre los mexicanos tal superioridad de raza, organización, disciplina, moralidad y elevación de sentimientos, que os ruego digáis al emperador que a partir de este momento y a la cabeza de seis mil soldados, yo soy el amo de México . No sabía lo que le esperaba.

3. Al amanecer del 5 de mayo de 1862, el general Ignacio Zaragoza, sabiendo que su ejército estaba en desventaja, tanto en disciplina como en armamento, aprovechó el arrojo de sus hombres y les dijo: Nuestros enemigos son los primeros ciudadanos del mundo, pero vosotros sois los primeros hijos de México y os quieren arrebatar vuestra patria . Dispuso que el general Miguel Negrete dirigiera la defensa por la izquierda; el general Felipe Berriozábal, por la derecha, y dijo a Porfirio Díaz que permaneciera junto a él.

4. El combate inició entre las 11 y 12 de la mañana; y como a las 4 de la tarde de ese día, después de un copioso aguacero, los repiques a vuelo en los principales templos, los vítores que recorrían las calles atronando el espacio con las explosiones del entusiasmo más puro, anunciaron a la ciudad alborozada la retirada definitiva de los franceses y el triunfo espléndido del Ejército Mexicano. Después de tres asaltos consecutivos de las fuerzas francesas a la ciudad de Puebla, asentamiento de las fuerzas republicanas del Presidente Juárez, la tropa mexicana derrotó totalmente a los invasores. El impacto moral de este triunfo fue mayor que el militar. El pueblo vio que el extranjero no era invencible y que las fuerzas nacionales eran capaces de hacer frente al supuesto Ejército más poderoso del mundo .

5. Dicen que el joven Ignacio Zaragoza era muy disciplinado y que lo único que le molestó realmente en vida fue ser corto de vista. Pero, general como era, no se detenía ante las minucias y pensaba que ojalá todo fuera como eso: como ir al oculista y ponerse anteojos.

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