El libro 18 años de historia del Foro Consultivo Científico y Tecnológico A.C. (FCCyT), que fue presentado este jueves por los excoordinadores del organismo, tiene por objeto dar a conocer el legado del FCCyT al Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) en el diseño de políticas públicas, leyes e indicadores, además de proyectos y su participación en órganos colegiados.

El FCCyT fue creado por la Ley de Ciencia Tecnología e Innovación en 2002, en ese momento se buscaba una institución independiente que reuniera opiniones de diversos actores y sirviera de referente. Con la nueva Ley de CTI,  programada para aprobarse antes de que acabe este año, el panorama cambiará.

“Es fundamental que existan estas memorias, para que puedan abonar a la discusión de qué es lo que debe contener la nueva ley, de entrada, se esperaría que la autonomía se preserve, con un sistema diverso”, dijo la doctora en Física Julia Tagüeña Parga, última coordinadora al frente de este organismo, durante la presentación virtual del documento.

La publicación del Foro Consultivo Científico y Tecnológico contiene documentos originales y voces de los diversos actores, los apéndices contienen información como los debates en la Cámara de Diputados cuando se creó la ley vigente y se hablaba de la importancia de un foro científico, también se describe una compulsa entre los estatutos originales del Conacyt y el actual, además se destina un espacio a la transparencia y rendición de cuentas, con un listado de proyectos y publicaciones que incluyen cartas de finiquito financiero.

Rezagos y retos en México

Durante la presentación, el biólogo Juan Pedro Laclette San Román señaló que “en la época actua, los países que no se comprometen con el conocimiento, la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación, no van a lograr desarrollarse y atender muchas de las desigualdades sociales”, mientras que la doctora en Economía Gabriela Dutrénit  destacó que “a pesar de todas las dificultades de financiamiento, la ciencia mexicana ha ido avanzando, si con tan poco se ha hecho mucho, con más recursos se podría dar un salto y tener un México más desarrollado, incluyente y preocupado por el medio ambiente”.

Por su parte, el doctor en Física José Franco, expuso que “la diplomacia científica es un rubro donde México ha avanzado poco, primero porque a los legisladores no les interesa la ciencia, no es parte de su discurso ni sus preocupaciones, por lo que lo ven como algo irrelevante, esto hace particularmente difícil asesorar a los gobiernos”.

Julia Tagüeña agregó: “En una autocrítica, ha faltado una mayor comunicación pública de la ciencia, aunque en México es buena, no es suficiente para un país de 120 millones de habitantes. Esta carencia de comunicación ha hecho que, por ejemplo, la gente ataque a médicos y enfermeras o no crea en los virus, esto es un fallo de la educación científica”.

El FCCyT sufrió altas y bajas

En una reflexión crítica los seis excoordinadores hicieron un resumen de lo sucedido en cada periodo y de los pendientes para el sector. El doctor José Antonio de la Peña, primer coordinador del foro confirmó que no todo fue favorable pues este organismo descentralizado no pudo separar su vida de la del Conacyt, “creemos que, si las propuestas de la Ley de 2002 hubieran funcionado correctamente, Conacyt jugaría el papel de una secretaría de Estado y el consejo general una especie de gabinete de ciencia y tecnología, pero no fue así. El foro nunca tomó una sola decisión de asuntos estratégicos con financiamiento, y el presupuesto al ramo no se incrementó a pesar de un artículo que obligaba el 1% del PIB para CTI”.

Dijo que, a la fecha, el sistema de CTI continúa desarticulado y con poca participación en la definición de las medidas estratégicas para el país. Esto fue apoyado por  Tagüeña, quien agregó que el foro debió haber sido más incluyente a lo largo y ancho del país y de actores, de tal manera que cuando el Foro fue atacado, toda la comunidad se sintiera representada por él, “el tema de la inclusión es el que hay que cuidar en este nuevo órgano autónomo que esperamos exista”.

Por su parte,  el doctor Juan Pedro Laclette dijo que, a pesar de tener poco personal, el FCCyT tenía una flexibilidad estructural que permitía llevar a cabo muchas acciones simultáneas y con eficacia. “Una de sus características es que es una mesa plural, donde participan representantes del gobierno, académicos y empresarios, ahí es donde se podían acordar muchas acciones en el sentido de ganar impacto social”.

El investigador deseó que el nuevo foro mantenga la tradición de crítica constructiva sin entorpecer el trabajo, “es importante que un foro que representa a tantas voces, aporte una opinión autónoma, independiente y libre”.

En su intervención, la doctora Gabriela Dutrénit compartió que cada coordinador del foro fue llenando vacíos para intentar ser la voz de las comunidades de CTI. “En mi periodo faltaba la voz de las mujeres, no solo en el foro, en el país, dar perspectiva de género a las políticas de CTI fue el resultado de un grupo de trabajo importante”.

Sobre el nuevo foro que ha planteado el Conacyt, dijo que esto es otra cosa, “otro tipo de organismo que no queda claro para qué, pues no es un organismo autónomo para recoger las voces independientes de la comunidad”. Además, no se sabe si este nuevo foro tendrá la capacidad de desarrollar proyectos o solo responde a la voz del Conacyt, pues se desconoce de su financiamiento y su actuar.

nelly.toche@eleconomista.mx