Hay libros de los que es difícil zafarse. O el lector se lo lleva consigo o, si es un calvinista amante del sufrimiento, los deja en su cabecera y los piensa todo el día para desvelarse amarrado a ese enamoramiento.

Los libros de Emmanuel Carrère (Francia, 1957) son exactamente ese tipo de libros. No dejas de leerlos, no dejas de pensarlos. Son apasionantes.

Desde que el año pasado Carrère ganara el premio FIL en lenguas romances sus libros están, por fortuna, por todas partes. Los premios mexicanos hacen a algunos lectores dudar de un autor, porque todo está corrompido en este país, pero con Emmanuel Carrère la FIL acertó.

Anagrama, la casa que publica todo lo de Carrère en español, ha editado en su colección Compendium tres novelas cortas del autor y las tres bien valen una misa. No tienen pierde.

El adversario, la que abre el volumen, es la mejor. Comparada en su técnica y su tono con A sangre fría de Capote, El adversario es una novela de “no ficción” que cuenta algo insólito.

Es la vida de Jean-Claude Romand, quien tenía la vida perfecta. Era rico, amado, respetado. Era, decía, investigador médico en la OMS. Tenía dos hijos pequeños y una esposa que le quería. Hasta que un día se descubre la gran mentira de su vida: ni es médico ni investigador de nada. Ha engañado a todo mundo, incluso a sus más cercanos. Cuando se le cae el tinglado toma la decisión más extrema: asesina a su familia e intenta suicidarse. Pero así es el destino: Romand sobrevive y El adversario es la historia del encuentro entre Carrère y el asesino.

El adversario es breve y es como uno de esos menús de degustación en un restaurante caro: hay que paladear esa prosa que se mueve sin dificultad, como una charla, el triunfo más grande de la literatura.

Nieto de un traidor

A Carrère se le da eso de mezclar realidad con fabulación. Una novela rusa es otra historia que parte de la realidad para ir a la ficción y de regreso.

Esto es importante: El adversario dejó agotado a Carrère. Visitar y platicar como si nada con un homicida lo drenó. La novela inmediata es Una novela rusa, un escape.

Carrère se puso a investigar en la vida de su familia y encontró al personaje perfecto. Su abuelo materno es, como Jean Claude Romand, un ángel trágico.

Desaparecido durante la Segunda Guerra Mundial, el abuelo de Carrère fue ejecutado por actos de colaboración con los nazis.

La historia se desenvuelve de tal suerte que Carrère llega a un pueblo ruso donde se vuelve a encontrar con el horror. Al mismo tiempo que esta historia está sucediendo, la vida amorosa del autor se desmorona.

Una novela rusa es tan intensa como El adversario, pero tiene el hambre de la prisa; una urgencia casi médica de contar, de salir del abismo.

Tres historias en una

Del volumen compendiado la tercera novela es la que menos deslumbra, pero de no quiero decir que sea mala. Al contrario, es una historia fascinante que va trenzando varios hechos simultáneos en la vida de Carrère y del mundo.

De vidas ajenas es una historia sobre la fragilidad del cuerpo humano, la devastación de la naturaleza, y sobre todo del amor.

Dos amigos, los dos con cáncer, los dos cojos, los dos solitarios, se hacen compañía. Un tsunami sucede en Sri Lanka dejando cientos de muertos. Carrère de nuevo está por romper una relación (qué interesantes son la relaciones de Carrère con las mujeres, de psicoanálisis). Todo sucede al mismo tiempo y da la sensación de caos, pero el vértigo es controlado por la mano al volante del autor.

Los libros de la colección Compendium de Anagrama no son los más fáciles de encontrar en México. No importa, busque si se puede las novelas una por una. Todo mundo necesita a Emmanuel Carrère en su vida.

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