Es el título de una novela de Paco Prieto. Caracoles. Así, coloquial, como en los viejos tiempos. De pronto se acomodó para expresar mi sentir ante el anuncio de AMLO que tiene dosis de colmilludo albazo o madruguete. Me dije: caracoles ; segundos después: chispas , recórcholis . Todavía ando turulato. No es para menos: generadora por lustros más de encontronazos que de consensos, por artilugio de la República amorosa, la Secretaría de Cultura (Seculta) tomará lugar en el Poder Ejecutivo… Sea quien gane la Presidencia.

Son las virtudes del oficio político, de la desmemoria o del reciclaje en tiempos de cuidado del medio ambiente rumbo a Los Pinos. En el paredón del 2 de diciembre del 2011 (http://eleconomista.com.mx/entretenimiento/2011/12/02/pri-prd-pan-cargadas-flacadas) citamos al pie de la letra la oferta electoral del tabasqueño en el 2006. Cierto, sin ser nombrado, el nuevo organismo se perfila en aquel documento, como por igual la decisión de desaparecer el Conaculta. Y otros más de los postulados que en Morelia leyó el precandidato de las izquierdas y demandó la plana mayor de Morena Cultura.

Fincar el acrónimo Seculta ha tomado años y tiene numerosos impulsores, por lo que recibimos con entusiasmo la repetida promesa de cambio. Quienes se oponen, destacadamente las secciones y delegaciones sindicales del subsector de la SEP, quizá también dijeron: caracoles . Creo que los asistentes a las asambleas previas al encuentro con el abanderado de la Coalición Movimiento Progresista no esperaban la proclama. Mucho menos la designación de Poniatowska como titular y lo que desató en minutos: su declinación en favor de Paco Ignacio Taibo II que, hasta donde sabemos, no fue revestida por los asambleístas como tampoco respaldada por López Obrador (hacia las 9 de la noche de este jueves, aparece la fotografía de la escritora como Secretaria de Cultura del gabinete). No al menos que… Los líderes alcanzaran un acuerdo. Quizá en el enunciado donde Andrés Manuel compromete fortalecer al INAH y al INBA yace la tranquilidad para los agremiados ante el nacimiento de una nueva agrupación del sector público.

Cerca de cumplir 24 años, el Conaculta tiene sus días contados. Al adelantarse, AMLO concentra una particular fuerza para el proceso de discusión de la agenda cultural en el curso de las campañas y pone en aprietos a Peña Nieto y Vázquez Mota, cuyas plataformas contemplan también crear la Seculta. El PRI y sobre todo el PAN saben que han sido incapaces de cumplir con esa vieja demanda, con la urgencia de una reforma del subsector. Diré que no pueden borrar tal propósito si quieren contar con votantes que, más allá de la cantidad que son, tienen un fuerte valor simbólico. Si alguno de ellos opta por ofrecer sólo reformular el Consejo, sonará a condena y perderá un campo importante de la contienda.

Pero también es cierto que tanto en el proceso del 2006 como en el que vivimos los partidos y seguidores de AMLO carecen de una visión integral de sector. Su exacerbada ponderación del nacionalismo, el perfil populista y por ello partícipes de una abrumadora intervención del Estado, se convierte en uno de los pocos espacios desde donde el PRI y el PAN pueden volverse competitivos para generar contenidos de gobierno a efecto de consolidar un plan de mayor cobertura y así atraer votos a sus causas.

Es de esperarse que el remix del Peje tenga también un afecto carambola. Uno muy importante es al interior de la coalición de las izquierdas, pues distan de formar un bloque convincente (basta escuchar los lugares comunes de Héctor Bonilla). Otro tiene que ver con que una Seculta no es viable si no irradia en su composición condiciones favorables para la intervención de otros actores del sector cultural.

Hay un efecto viable para los involucrados. Por mucho tiempo lo hemos dicho en el GRECU de la UAM Xochimilco. Que en el marco de las plataformas electorales y de forma común en el proceso de las campañas políticas se asuma como un componente de un futuro gobierno la reforma cultural: ir a lo estructural, a fondo, de manera transversal. Que de la asamblea se pase a una convención que intente ser frente común, ya que la agenda es la misma para todos. En ese sentido, que sea compromiso del próximo titular del Ejecutivo valorar e impulsar lo que la convención proponga con una visión más allá de una secretaría y de un plazo de seis años. Por el momento, el Peje le dio al clavo. En la arena de la sucesión presidencial número 14, lo cultural merece los mejores escenarios.

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