Martín Caparrós (Argentina, 1957) es un narrador potente. El llamado boom de la crónica latina no existiría sin él: fue de los primeros periodistas en poner el desorden y bruñir esto que llamamos periodismo narrativo, que es en realidad un pleonasmo. Como dice el mismo Caparrós, periodismo que no narra no es periodismo.

Caparrós es un escritor incansable. Además de cronista también le hace a la novela, pero sin duda lo imperdible de la caparrosidad es su periodismo.

Un libro con entrepisos

Lacrónica (Planeta) es un edificio. Los pisos principales son las crónicas que recorren toda la trayectoria de Martín Caparrós, una suerte antología personal. Pero lo interesante está en los entrepisos.

Me explico: intercalados entre las crónicas hay textos en los que el periodista describe cómo se acercó a un tema, o que obstáculos tuvo que salvar para este otro texto, o simplemente reflexiona sobre el oficio de escribir la verdad a modo de literatura. Es una verdadera escuela, Lacrónica, recomendable para todos, pero de manera especial para quien esté adentrándose en el oficio de periodista.

De la panza

Cuando digo que Martín Caparrós es incansable lo digo con seriedad mortal. No hay tema que se le escape. Hace unos años parió un par de libros que son hermanos gemelos peleados: Entre dientes: crónicas comilonas (Almadía) y El hambre (Planeta). Ambos lidian con un asunto vital: el comer.

Mientras Entre dientes es un goloso entretenimiento que se deleita en hablar de caldos y cortes de carne, El hambre es un libro más sobrio sobre el problema mundial de hambruna. Caparrós viajó a países como India, Kenia o Sudán para encontrarse con aquellos que sufren de hambre y contar sus historias.

Desde el otro lado del hilo

Como Martin Caparrós ha publicado libros desde hace 30 años, algunos dejan de estar disponibles con facilidad. Es el caso de Larga distancia, una de sus primeras recopilaciones de crónicas que desapareció de librerías y ahora, con buena mano, ha sido reeditado por Malpaso.

En Larga distancia Caparrós desentraña el negocio de la coca, totalmente legal, en Bolivia; narra la Argentina a partir de varios personajes en la crónica en tres partes llamada “La patria”; aborda un Rolls Royce para tratar de descifrar Hong Kong y hace un perfil precioso de Malcolm Lowry.

La edición de Malpaso incluye una nota introductoria en la que se cavila sobre el apogeo del género de la crónica. El textito (¡escrito en 1992!) dice entre otras cosas que la crónica es el género central de la literatura argentina. Si es así, leer a Caparrós es como pararse a cantar un tango para celebrar un gol de Lionel Messi.

Y hablando de futbol

Caparrós es un hombre de pasiones. Una de ellas es la comida. La otra es el futbol.

Durante el Mundial de Sudáfrica 2010 Caparrós y Juan Villoro compartieron una correspondencia pública sobre el deporte que aman. El resultado es De ida y vuelta (Seix Barral), un volumen conversatorio que por momentos es sabroso y por otros es aburrido, predecible. Mucho como le sucede al futbol de nuestros días.

Este libro es recomendable para verdaderos completistas del caparrosismo.

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