Las campañas políticas, y los analistas que las siguen, no están exentas a las simplificaciones. Las más recurrida en semanas recientes es la etiqueta de campaña negra .

Ante la falta de efectividad de sus spots, las mentes brillantes en el cuarto de guerra panista intentan repetir la exitosa campaña contra López Obrador en el 2006, quizá fuera el método para perforar la aparente invulnerabilidad del liderazgo priísta en las encuestas.

En este mundo político bicolor, básicamente maniqueo, la campaña blanca y aceptable es la que busca convencer al elector de que nuestra opción es la mejor. Mientras que la malvada y negra es la que busca convencerlo de que la alternativa de los contrincantes es la peor.

De pronto parecería que no es tan desacertada la idea cuando escuchamos a muchos mexicanos afirmar que votarán por el menos peor .

A partir de una declaración colmilluda del dirigente del PRI sobre los spots, calificándolos de campaña negra , muchos medios abrazaron el término y el color como si fuera hecho objetivo y contundente.

El PAN matizó: No se trata de campaña negra sino de contraste .

Otras voces empiezan a gritar guerra sucia , con esa facilidad con que los mexicanos decimos barbaridades para exagerar las cosas y querer probar el punto.

Si las campañas blancas intentan fomentar una opinión positiva, las negras buscan provocar inquietud y desasosiego hacia una fuerza política. Las sucias buscan eso pero a través de mentiras y distorsiones. Las de auténtico contraste ponen las propuestas de uno frente a las del otro y nos dicen por qué la nuestra es mejor.

El problema con los spots panistas es que la etiqueta negra les queda enorme. Mientras su candidata quiere vender que su opción es mejor sólo porque es diferente, la campaña negativa hacia Peña Nieto se enfoca en afirmar que no es tan cumplidor. Para demostrarlo alega cosas tan interesantes como el compromiso 134-B, donde dijo que pintarían el muro de la primaria Benito Juárez pero es mentira, vaya usted a ver ese muro y verá que está tan mugroso como siempre.

Peña Nieto afirma que se compromete y cumple, y la propaganda que termina con vote por diputados y senadores del PAN dice que no es verdad porque tal puente no tiene barandal, y a tal calle le faltó la banqueta, que tal piso no lo trapearon...

Baste comparar López Obrador es un peligro para México , el efectivo eslogan del 2006 que cumplía con todos los principios de propaganda sostenidos por el mismo Goebbels, con la mentira en el punto 147. Como si el elector fuera por la vida con una lista de los compromisos de Peña Nieto, listo para palomear o tachar.

Tiene el PAN todo el archivo histórico del PRI para usar en su contra, para construir un argumento que transmita a los electores lo que realmente significaría que vuelva el PRI al gobierno federal, mas deciden discutir si el compromiso 138 en realidad era el puente del 117.

Perjudica más al PAN la percepción de rijoso y negativo que lo que lo ayuda esta tibia y tonta campaña para demostrar que el galán de galanes (Maxine Woodside dixit) exagera sus virtudes de efectividad.

¿Por qué no hacer verdadero contraste?entre las posturas de uno y las del otro? ¿Será porque ni los mismos partidos tienen claro qué defienden, o porque se avergüenzan de algunas de sus posturas? Mientras no se haga un verdadero contraste, el que lucra con ello es AMLO y su argumento de que PRI y PAN son lo mismo.

Si los electores jóvenes nunca vivieron bajo el PRI, y a los de mediana edad ya se les olvidó, bien harían en recordarnos de qué se trata. Como van, los siguientes spots tendrán a expertos en belleza para demostrarnos que Peña Nieto no es tan guapo como creen.

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