Caminamos como zombis. No se ve nada a un metro de distancia. Andamos, tentamos, tenemos la esperanza de hallar calor, un toque conocido, un poco de amor. Pero estamos rodeados de niebla y somos nosotros mismos lo que no permitimos nuestro avance.

La guerra en la niebla, la nueva obra escrita y dirigida por Alejandro Ricaño, es un vibrante ensayo sobre la violencia.

Con un don natural para la comedia, Ricaño ha salido de su zona de confort (horrible término pero a falta de uno mejor) y ha producido una obra que es un ramalazo de tragedia. Siempre en las obras de Ricaño hay un ramalazo de tragedia, pero también un abrazo en forma de carcajada. La guerra en la niebla está hecha de otra pasta.

Desaparecido, el eufemismo

Durante todos los gobiernos violentos, los medios, las fuerzas armadas, la clase políticas, en fin, todos los que controlan el discurso público empiezan a usar un lenguaje que, cuando se le detecta, es cuando menos alarmante.

De repente ya no se habla de homicidios sino de ejecutados . Los presos políticos dejan de serlo para convertirse en detenidos . Y un día gente común que ahí estaba en una fiesta, en un centro de rehabilitación, caminando por la calle, desaparece. Nace entonces el término desaparecidos .

¿Qué es un desaparecido? Un no muerto. Una herida que no cierra para una familia que siente la esperanza como un hierro caliente en los pulmones.

Así la familia de Miguel. Su padre (el extraordinario Arturo Ríos) trata de mantener la calma, alguien tiene que pensar, en especial esta noche. La madre (Lisa Owen, el pivote emocional de la obra) está al borde de la histeria: hace nueve meses que su hijo no aparece, ¿y ella qué hace con su dolor?

Esta noche. Esta maldita noche la esperanza de la familia revive. Ahí donde las autoridades los han abandonado, un operario privado a prometido ayudarlos. Es un exmilitar, un tal teniente Mondragón (Álvaro Guerrero) que va a encontrar a Miguel. Eso esperan, esa noche en que un coche llega hasta la casa rodeada de niebla donde la familia se ha autoexiliado.

La historia va así: hace nueve meses Miguel y su hermana ?(Sara Pinet) fueron a una fiesta acompañados de su primo Beny (Adrián Vázquez). Miguel se subió a su coche como a las 2 de la madrugada cuando de un coche se bajaron hombres armados, ¿militares, paramilitares, simples narcos?, y le dijeron la frase fatídica: Ya te cargó la verga .

¿Por qué se llevaron a Miguel? Quizá fueron causas políticas. ?Miguel era un joven idealista de izquierda, como dicta el estereotipo del estudiante de sociología; apoyaba causas, Miguel, de esos que parece que a nadie le importan pero que, sabe dios, quizá hicieron enojar al poderoso equivocado.

Sería también que Miguel no era el inocente joven de ojos como el cielo y estaba metido en cosas un tanto oscuras. De vez en cuando Miguel vendía tachas en las fiestas, una que otra, nada serio, una travesura, un modo de conseguirse algo de lana. ¿Se puso a vender en el territorio de alguien?

Nueve meses. Ser familiar de un desaparecido es, como escribió Martin Amis, ser como un viuda embarazada: atrapado entre el pasado y el futuro. ¿Cómo renunciar a la búsqueda del hijo, del hermano, del sobrino?

Vivimos en un país de miles de desaparecidos, un país sin guerra civil pero sí en guerra. Nos consolamos diciendo que los que desaparecen se lo buscaron. ¿Es así?

Caminamos en la niebla. Hace frío. Y tal vez lo único que nos queda es renunciar a encontrar nada.

Foro Lucerna

Milán y Lucerna, Juárez.

Viernes 8:30 pm; sábado

6 y 8:30 pm; domingo, 6 pm.

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