Desde esas 19 horas en las que la gente comenzó a entrar a la Sala Nezahualcóyotl, el sonido local reiteraba hasta el cansancio la prohibición para tomar fotografías o videos del concierto. Desde la segunda llamada, con la sala prácticamente llena, los gritos comenzaban a acentuarse en ese recinto de acústica perfecta. La orquesta que acompañaría a la banda comenzaba a afinar sus instrumentos.

Ocho en punto. “Les recordamos que no sólo estamos grabando un programa de televisión sino un disco”, dijo el productor del espectáculo, micrófono en mano. Ya para entonces, las alrededor de 2,200 personas ocupaban sus lugares. “Vamos a grabar aplausos”, pidió la persona de producción. “Esto se hace por seguridad del show”, agregó, y entonces comenzó a comandar al público. Primero aplausos mesurados, después un estruendo. La bulla se repitió en diversas ocasiones y daba un esbozo de los que le esperaba a Café Tacvba.

Entonces se escuchó a través de las bocinas un “ssssssh” absoluto. Pedían silencio rotundo para recibir a la banda. Pero, imposibilitado para guardar silencio, el público comenzó las bromas colectivas que todos escucharon. “¡A ver, a ver, a ver a quihoraaaaas!”, gritó una voz masculina con toda su energía desde el lado izquierdo de la sala. Ese grito invitó a todos a reír y rompió la solemnidad requerida, tanto que hasta un “goya” se aventó una sección de la audiencia. Prueba superada. La calidad acústica era sorprendente.

El concierto

De pronto, así nada más, sin tanta solemnidad, ahí estaban: Meme, Joselo, Quique, Rubén, formados, saliendo por la entrada lateral de las tablas que por lo regular cruzan los directores de orquesta antes de alzar la batuta. Y el grito entonces fue definitivamente ensordecedor.

Para deleite de los fans y para desgracia de los no tanto, el espectáculo se extendió por más de tres horas. La razón: fue requerida la repetición de varias canciones para cerciorarse de que la grabación fuera la mejor.

“El espacio”, la primera canción, fue una de ellas. Se escuchó en dos ocasiones continuas. Después le siguió “La locomotora”, canción editada junto con el álbum Revés/Yo soy, de 1999. Pero cuando el público realmente se prendió fue con la “Chilanga banda”, tanto que se animó a corear, prácticamente como un monstruo de una voz: “Ahí va la chilanga banda / chinchin si me la recuerdan / carcaaaacha y se les retaaaacha”.

Luego Meme tomó la guitarra y se dispuso a cantar el éxito del 2003 “Eres”, no sin antes levantar el puño cuando escuchó una voz que desde bien atrás de la sala gritó: “¡Arriba Satélite!”.

Fueron 18 los temas que el cuarteto, hijo pródigo del norte de la ciudad, interpretó esa noche: “Mediodía”, “Las batallas”, una de las más coreadas y para la cual Albarrán invitó volver a la “bellísima ingenuidad”. También “Rarotonga” y “Quiero ver”, esa que todo el mundo cantó: “prometo regalarte sin reparo mi corazón”.

Entre canción y canción, Rubén hablaba sobre la industrialización de la mariguana, sobre la importancia de conservar el agua, sobre los “sagrados alimentos” y la “madre Tierra”. También se animaba a aventarse algunas bromas, se albureaba a la gente del público, la cual también mostraba su habilidad para el doble sentido.

Fueron tres horas de otros temas como “La muerte chiquita” u “Olita de altamar”, para la cual se unió Gustavo Santaolalla, con un ukulele; “Enamorada”, que Rubén cantó junto con Catalina García, vocalista de Monsieur Periné, o “El outsider”, que sorpresivamente interpretó David Byrne con sus torpes movimientos. Otros temas tuvieron acompañamiento de marimba, una banda de viento oaxaqueña y hasta un organillero.

La noche terminó con “Volver a comenzar”, del LP Sino, del 2007, en punto de la media noche, cuando muchos en la sala, sobre todo los de la parte alta, ya se habían tenido que retirarse justificando el cierre del transporte público: Metro y Metrobús.

Músico de OFUNAM denuncia desperfectos tras el concierto

La mañana de este miércoles, el violinista Miguel Alonso Alcántara, integrante de la Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM), denunció algunas irregularidades en la Sala Nezahualcóyotl después del concierto de Café Tacvba: basura en los camerinos y butacas fuera de su lugar.

“Manifiesto mi inconformidad sobre el hecho de encontrar la sala en ese estado el día de hoy (...) Si alguien visita tu casa y deja basura y arranca los asientos, no importa si paga los desperfectos o le dieron permiso de hacerlo para un show. A nosotros no nos dejan ni meter un café al foro para preservar el recinto. Sólo pretendo que quienes se encargan de administrar este hermoso recinto hagan conciencia de la historia del mismo  y respeten la relación que históricamente tenemos con la Sala Nezahualcóyotl”, demandó.

Personal de la UNAM explicó a El Economista que no hubo destrozos, que las butacas se quitaron para montar equipo técnico y volverán a ubicarse una vez que concluyera el ensayo de la OFUNAM de este miércoles. También confirmó que la basura es de zona de camerinos y ya fue recogida. (Con información de Vicente Gutiérrez)