En México se ha intentado establecer un vínculo entre la ingestión de aflatoxinas, compuestos producidos por hongos que pueden estar presentes en el maíz, y el cáncer de hígado, señaló el investigador universitario Jesús Javier Espinosa Aguirre.

El especialista del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIBm) de la UNAM subrayó que desde hace tiempo se conoce que el estilo de vida y, sobre todo, la alimentación de las personas, se relacionan con la aparición de diferentes padecimientos, como el cáncer.

Indicó que los carcinógenos están presentes en el ambiente, en el aire y en los alimentos; actualmente esa correlación epidemiológica es muy clara , remarcó.

Dedicado al estudio del metabolismo de mutágenos y carcinógenos, así como de las propiedades antimutagénicas de moléculas naturales y sintéticas, recordó que hacia las últimas décadas del siglo pasado se vio, por ejemplo, que el cáncer gástrico era común en Japón.

Los científicos de ese país investigaron a nivel molecular lo que había en su alimentación que pudiera inducir ese tipo de neoplasia y encontraron que muchas sustancias presentes en sus alimentos eran carcinogénicas y podían reproducir la enfermedad en modelos animales.

Lo mismo ocurrió en Estados Unidos, donde hoy en día el alto consumo de grasas se relaciona con el cáncer de mama, mientras que en México se ha intentado establecer un vínculo entre la ingestión de aflatoxinas, compuestos producidos por hongos que pueden estar presente en el maíz, y el cáncer de hígado.

Sin embargo dejó claro que no se ha encontrado aún pero aparentemente el proceso de nixtamalización del grano es capaz de controlar la presencia de esas micotoxinas.

De acuerdo con Espinosa Aguirre, en la mayoría de las ocasiones las moléculas que ingresan al organismo no son intrínsecamente mutagénicas o carcinogénicas.

Ahora bien, añadió, todo lo que ingerimos, o casi todo, es metabolizado por las enzimas, es decir, éstas transforman las moléculas en otras llamadas metabolitos.

Son importantes por ese proceso que hacen con casi todo lo que ingerimos, incluidos los fármacos; en ocasiones, un medicamento que nos recetan no es el que hace el efecto, sino su metabolito , explicó.