En la propuesta de reforma cultural que propone el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura de la UAM-Xochimilco y que perfilamos en la obra Economía cultural para emprendedores. Perspectivas, un punto central es el estudio y deslinde territorial de las asociaciones civiles (A.C). No es un asunto menor ni para la caracterización del sector, ni para la economía del aparato productivo como tampoco para la filantropía, el mecenazgo y la hacienda pública.

Cifras de hace unos meses del Cemefi, estiman alrededor de 20 mil asociaciones civiles de beneficio a terceros, de las cuales, sólo el 3 por ciento atienden arte, cultura y deportes. El número de donatarias rondaban las 6 mil al año 2009, siendo sólo el 5.6 por ciento culturales. Para el ejercicio fiscal de 2007, las organizaciones donatarias reportaron cerca de 33 mil millones de pesos para sus actividades, suma que se emparenta con la recaudación de impuestos al tabaco y es un poco más de lo que ejercerá la UNAM en 2011. En los Estados Unidos, los ricos donaron casi 10 mil millones de dólares en 2009 al rubro de arte, cultura y humanidades, según el reporte Giving USA.

Bajo cuerdas o a plena luz, las A.C, donatarias o no, son unidades económicas. Muchas de ellas son negocios de alta rentabilidad, como es evidente en campos como la educación y el deporte. En cultura, no les va tan mal a algunas como micro o pequeñas empresas. Algún porcentaje combina lo asistencial con cierto margen de utilidad que se estima modelo de economía social. Por supuesto las hay que persisten sólo gracias a los benefactores, como dueños de grandes capitales las emplean para sus causas culturales… y tributarias.

Estas líneas apenas trazan el relajo que existe y que debería ser motivo de profunda discusión para bien de todos los actores que intervienen. Es lo que tengo a bien definir como el subsector de organismos asistenciales y de cooperación-coproducción internacional. El tercero de cuatro en que caracterizo el sector cultural.

Al traerle este cuento no precisamente navideño, cuyo desenlace vendrá en enero, traigo al escenario a mi amigo Arturo Rodríguez. Estudió Administración de Empresas en el CETYS de Tijuana. Ha sido un trabajador por cuenta propia, emprendedor y empresario. Su pasión por las artes plásticas lo llevó al coleccionismo y en 2002 arrancó con otros colegas el proyecto Galería 4, transformado hace cinco años en La Caja Galería, A.C.

Ubicada en el Callejón de las Moras de la bella Tijuana, promueve exposiciones, comercializa obra, asesora adquisiciones, realiza avalúos, organiza subastas, suministra información especializada, imparte cursos, convoca a conferencias, brinda servicio de embalaje y de envío de obra. Destaca un novedoso producto 100 por ciento regional que Arturo Rodríguez hace funcionar por invitación personal. Se llama VOGOT-cocina sensorial y consiste en activar los cinco sentidos en una intensa sesión: la Vista, con la obra de los artistas plásticos; el Olfato, con el vino bajacaliforniano; el Gusto, con la comida típica; el Oído, con música, canto o teatro, y el Tacto mediante un juego que emplea sillas recicladas.

La Caja Galería cuenta con un staff artístico de base, nueve de ellos de la entidad: Franco Méndez Calvillo, Jaime Ruiz Otis, Alejandro Zacarías, José Francisco Sánchez Jofras , Alfredo Gutiérrez Jiménez, Luis Garzón Masabo, Ingrid Hernández, Elba Rhoads, Julio Orozco y el oaxaqueño Julio César Sosa Yeska .

Arturo Rodríguez diseñó un espacio innovador. Una de las paredes de pronto se corre y deja al descubierto la cocina. Las escaleras y mesas fueron elaboradas con despojos de frigoríficos y parte de la madera proviene de barcos y muelles, en tanto las sillas de tiendas de segunda y mercados de pulgas . El negocio funciona, expande mercado, genera nicho, atrae socios y activistas como el Cecut y el Festival Interzona. Compite y diversifica la economía cultural de la ciudad. Mucho mejor le iría con otras normativas y políticas públicas.

Esquirlas. Celebramos que el gobernador oaxaqueño Gabino Cué haya ratificado como Secretario de Cultura a Andrés Webster Henestrosa. La Ley de Cultura que tuvo a bien impulsar, es sin duda un parteaguas en la materia. Ya haremos un recuento de su extraordinaria labor que incluye su rol en la Conago.

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