“Tanto hombres como mujeres tenemos que erradicar de manera absoluta las violencias, ser muy críticos y analíticos con todos los niveles de violencia, los más sutiles sobre todo, porque los visibles son incluso parte de nuestro ser animal, los más inofensivos, porque son los que nos llevan a protegernos. Pero si nos vamos a los matices más sutiles y traicioneros de las violencias, está el daño que nos hacemos a nosotras mismas cuando nos creemos el mito del amor romántico y otra serie inacabable de mitos que ha construido el patriarcado”.

Estas fueron palabras de la escritora Ave Barrera durante su participación en la mesa “Brujas y modernas”, en la 35 edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, un aquelarre del que también tomaron parte las autoras Brenda Lozano (México) y Dolores Reyes (Argentina), moderadas por Jennifer Thorndike (Perú). Entre todas, “gestaron hechizos” de entendimiento sobre género.

El mito de la dominación, del no consenso, del tener que ceder ante el otro, evaluó Ave Barrera, “son violencias que muchas veces acabamos infligiendo sobre nuestro propio cuerpo, castigándolo, sometiéndolo a una serie de preceptos que nunca supimos cómo llegaron a nuestra educación”.

Estimó que es probable que “nos hemos enfocado tanto en ver a nuestras hermanas mujeres, nos hemos querido tanto y estamos re-enamorándonos de nuestro género, que a lo mejor hemos perdido de vista lo necesario que es voltear a ver a nuestros compañeros varones y que ellos también se deshagan de su machismo tóxico que tanto daño les ha hecho”.

Por su parte, Dolores Reyes declaró que desde los feminismos “el odio hacia los hombres es una etiqueta que le ha hecho mucho daño al feminismo (…) qué triste sería nuestra vida sin hombres, simplemente que tenemos que construirnos y articularnos sin el sometimiento de un cuerpo por el otro y esto en todos los planos, el económico, el racista, el colonial, el machista”.

Y Brenda Lozano opinó que no hay violencia unicelular en sociedades como la mexicana, sino que están todas cruzadas. “Si hay algo peor que todas esas violencias es normalizarlas”.

Bruja, símbolo estigmatizado

La bruja, analizó Reyes, “fue un mote para disciplinar a las mujeres por las corporalidades, una herramienta de control de nuestros cuerpos que en América Latina ha tenido 500 años de inquisición”, dijo y agregó que la bruja es esa mujer madura e incómoda porque su cuerpo acumula experiencia, ya conoce lo que pasó en el pasado y, por lo tanto, no se vende, pero es perseguida en la actualidad. Este castigo, en el pasado y en el presente, señaló, corresponde a una mística que se castigó por estar asociada a “un dios único que niega la cara femenina de lo sagrado (…) y eso es lo que el nuevo orden vino a disciplinar: el cuerpo, la disidencia y la peligrosidad de las mujeres libres”.

En los feminicidios, dijo más adelante, el violentador no se contenta con terminar con la vida de una mujer sino que muchas veces esconde el cuerpo, impide el duelo, el entierro y el epitafio. “Hay muchísimas mujeres que buscan a sus hijos desde Argentina hasta México y mucho más allá”, refirió y añadió que si bien son buscadoras, no hay una palabra en nuestro idioma para definir a una madre por el acto de haber perdido a una hija, porque es algo tan inconcebible que revierta el orden natural.

Al respecto, Brenda Lozano opinó que no hay nombre para definir a quien ha perdido un hijo porque el silencio puede ser mucho más potente que las palabras. “Eso hace que sea tan poderoso que en el idioma no exista una palabra para nombrarlo, porque no hay dolor que se pueda nombrar”.

Finalmente, Jennifer Thorndike opinó que la bruja moderna es aquella que es completamente política, que no solo rompe con el pasado sino que vuelve a él para traer la sabiduría de vuelta.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx