Dado que las instituciones financieras internacionales prestan grandes sumas de dinero -y nunca dan paso sin huarache-, Children and Youth in Crisis (2012) es un documento que sirve para conocer cómo las crisis económicas afectan el desarrollo de la niñez y juventud, y también qué deben hacer los gobiernos para apoyar y fortalecer el tránsito de la escuela al mercado laboral.

Los expertos afirman que si no se interviene oportuna y eficientemente en la protección y promoción de la salud mental, los niños y jóvenes estarán condenados al estancamiento social, la frustración laboral y a comportamientos violentos y disruptivos.

Sabemos que el shock económico puede impactar de manera diversa a través del hogar, la escuela o la comunidad.

La pérdida del ingreso familiar es sólo una forma -entre muchas otras- en que las crisis afectan a niños y adolescentes. Por ejemplo, aquellos jóvenes que son incapaces de modular su respuesta al estrés (sea por exageración o abatimiento) pueden caer en el alcoholismo y otras adicciones ante situaciones adversas o desafiantes.

Aquellos individuos adultos que suelen reaccionar ante las pérdidas (el empleo) recurriendo a conductas insalubres o autodestructivas, a menudo ya antes habían respondido de forma parecida durante su juventud.

Por el contrario, ante situaciones de ansiedad o depresión, no existe una correlación directa con el abuso de sustancias.

En el caso especial de las mujeres jóvenes, se ha visto que el shock económico aumenta sus apuros y privaciones, reduce su capacidad de negociación y las hace más vulnerables para tener sexo sin protección o a cambio de dinero u otros bienes.

Aunque la evidencia no siempre es precisa, una persona joven con problemas psicosociales tiene mayor dificultad para adaptarse a los cambios de su entorno y es menos capaz de encontrar y mantener un trabajo.

El desempleo, por otro lado, genera problemas socioemocionales con distintas expresiones. Hay quienes internalizan sus conflictos deprimiéndose y experimentando ansiedad; pero hay quienes los externalizan tornándose violentos y destructivos. Las diferencias en los distintos mecanismos de adaptación complican la comprensión del impacto que tienen las crisis en el desarrollo adolescente.

El desempleo tiene serias consecuencias psicológicas. Surgen sentimientos de inutilidad, de fracaso para responder con la familia y de pérdida del estatus social, cayendo en depresión, ansiedad y abuso de sustancias. Los padres se vuelven inconsistentes o demasiado severos dañando el desarrollo de sus hijos.

Una perspicaz lectora de esta columna en días pasado escribió:

A los jóvenes hoy nos toca tomar demasiadas decisiones. ¡Qué gran responsabilidad! Esto no ayuda a fortalecer la confianza y sí aumenta el temor ante el fracaso. Pero hoy tenemos la libertad –y el terror– de probar suerte en muchas partes. Curiosamente, nos hemos convertido en prisioneros de la libertad.

¿Será que las crisis económicas a unos los hace prisioneros de la libertad , mientras que a la mayoría los mantiene como esclavos de la iniquidad ?

moises.rozanes@eleconomista.mx