Debido a que el impacto en el trabajo y la productividad vinculado a problemas psicosociales y enfermedades mentales no son fáciles de evaluar con peras y manzanas, el abordaje actual de la Economía incorpora a la Antropología, la Psicología social, la Filosofía y las neurociencias.

Es sorprendente notar cuánto puede avanzarse a partir de investigaciones científicas que se han propuesto develar los factores de riesgo y de protección derivados de la desigualdad social imperante.

También ha sido sobresaliente indagar los efectos que las crisis económicas provocan en la conducta y en el ánimo de la gente, así como en la manera en que éstas influyen en la toma de decisiones importantes en etapas tempranas de la vida.

Sabemos que el desarrollo de la identidad laboral es un proceso que ocurre durante la adolescencia y la adultez temprana y que depende tanto de situaciones externas como muy personales.

Debido a que el anhelo vocacional y el desarrollo de la identidad de trabajo van moldeándose en gran parte por las condiciones del mercado, las crisis económicas suelen alterar el contexto en el que los jóvenes perfilan su identidad laboral, ya que los escenarios ocupacionales, al igual que los requisitos necesarios, han sido drásticamente cambiados.

Estos shocks pueden anular logros personales previos que habían sido necesarios en la construcción de una determinada identidad laboral, para convertirse quizás en un bagaje de conocimientos y experiencias que van a resultar irrelevantes si es que se quiere funcionar en un contexto social, económico y político diferente al que se había previsto.

Es impresionante, por ejemplo, la cantidad de jóvenes inteligentes y capaces que hoy día se ven obligados a conformarse con llevar cursos patito de cocina, de programación o de otros oficios emergentes, cuando en otros momentos de sus vidas -tal vez– anhelaron el poder desarrollarse en campos de estudio y de trabajo más complejos e intelectualmente demandantes.

Lo más preocupante es que, aún cuando la gente joven no esté buscando trabajo o se encuentre desempleada durante una crisis económica, las expectativas que se forman con relación a su futuro profesional y ocupacional están cargadas por la advertencia de un mundo hostil a sus deseos y necesidades elementales.

De ahí, que esta juventud esté obligada a encarar el desafío de actualizar sus ilusiones y expectativas de acuerdo con una nueva realidad impuesta por las acciones de un modelo de economía salvaje, no equitativa e irresponsable.

En el terreno de la salud mental, esta situación llega a disparar, en personas vulnerables, estados socioemocionales de ansiedad y depresión intensos, incluso con riesgo suicida a veces.

Es necesario que los servicios de salud tengan estrategias de prevención e intervención para ayudar a estos jóvenes a ajustar sus planes de vida y responder a las nuevas condiciones derivadas de la crisis.

No es casual que el Banco Mundial, cuyo lema es Trabajemos por un mundo sin pobreza , haya decidido publicar este documento que hoy comentamos.